Alocución radial de Mons. Arturo González Amador, Obispo de Santa Clara, por radio CMHW y Radio Sancti Spíritus (05-07-2020)

“Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo” (Lucas 1, 68). En hebreo la palabra berakah (bendición) es la mejor forma de orar. Si repasamos las páginas del Antiguo y Nuevo Testamento descubrimos las bendiciones en labios del pueblo creyente, de modo muy particular en los salmos.

Este domingo, al encontrarnos sin el espacio radial de encuentro con todos, católicos, cristianos de otras denominaciones y pueblo en general, no quiero quedarme en el lamento e invito a todos a no hacerlo, hoy tenemos que agradecer a Dios, hoy tenemos que bendecirlo.

Es verdad que la media hora radial de cada domingo fue un espacio que durante quince semanas disfrutamos mucho. Unos lo disfrutaron escuchando palabras de fe y esperanza cristianas pero también palabras de fraternidad y reconciliación, de exhortación para ser mejores seres humanos… animando a las familias a vivir en el verdadero amor en medio del COVID 19; otros los disfrutamos preparándolos y pensando en todos aquellos que nos podían seguir, el bien que en sus corazones y conciencias podíamos sembrar… cuánto rezamos y reflexionamos antes de cada programa. Es así, todos lo disfrutamos.

Hoy les invito a bendecir a Dios por esos mensajes, sí, bendecir a Dios. El lamento es estéril, la bendición siempre siembra y trae esperanza. Tenemos que cultivar la esperanza de que estos espacios radiales volverán para sembrar la semilla de la fe en el corazón de todos.

Pienso realmente mucho en tantas personas cuyos mensajes de gratitud y animación nos motivaban a no calcular esfuerzos, tiempo ni recursos en la preparación de los mensajes radiales. Algunos eran católicos, otros protestantes que se alegraban y muchos no eran ni cristianos, unos eran de cerca y otros estaban lejos del terruño querido, incluso fuera de la Isla amada… todos supieron valorar lo esencial, el contenido del mensaje. A ellos, a todos ustedes, muchas gracias porque nos sostuvieron con el afecto y la oración.

Pero no puedo dejar de pensar en tanta gente que nos siguió y que no tienen otro medio para recibir un mensaje cristiano de esperanza, unas palabras sencillas de fe y consuelo, y ellos son los enfermos, los limitados físicos, los que no pueden salir de sus casas – hoy menos que antes porque el temor al virus los lleva a ser precavidos – y los campesinos diseminados por nuestra geografía diocesana. ¿Cómo llegar a ellos? ¿Cómo enviarles una palabra de fe y fraternidad, de cariño y de ánimo, de cercanía y afecto? ¿Cómo bendecirlos y que ellos escuchen esa bendición? Ellos, sí, ellos la necesitan para vivir mucho más de lo que nos lo imaginamos porque limitados en sus posibilidades, las necesidades son mayores.

Hoy tampoco puedo dejar de pensar en las autoridades locales y en un equipo entrañable formado por los profesionales y técnicos de las dos emisoras provinciales de radio de Villaclara y Sancti Spíritus. En las emisoras provinciales cada viernes esperaban pacientemente que el Obispo enviara el programa. Cuánto interés y comprensión… ¡Muchas gracias! Sepan que por ustedes, por sus respectivas familias, por sus compañeros de trabajo, por todos, por sus ilusiones y proyectos, hemos rezado mucho. Dios los bendiga.

Y, cómo no agradecer a Yenkys del Centro de Comunicación padre Vandor, a Yuliana y Omarito, de la Oficina de Prensa del Obispado, ¡cuánta ilusión pusieron editando cada programa, escogiendo la música, grabando las voces… cuánta caridad y paciencia tuvieron conmigo, cuánto me enseñaron, pero sobre todo, cuánto amor a las cosas de Dios y a aquellos que son sus destinatarios! ¡Dios les recompense, y una cosa: vamos a extrañar el café y los polvorones al finalizar cada grabación; donde no faltaba además el humor ¡También eso era bueno!

¡Dios es bueno, tenemos que reconocerlo y bendecirlo! ¡Cuánto bien hizo en nuestra alma escuchar su Palabra y orar juntos por la radio, en un momento tan difícil de pandemia! Solo cuando estamos frente a Dios somos capaces de reconocer el verdadero sentido y gusto de la vida. Si nos dejamos alcanzar y envolver por su amor, si nos dejamos abrazar por Él que es la Vida y la Sabiduría, si nos dejamos transformar por su amor, todo cambiará de color a nuestro alrededor y las nubes se disiparan, la esperanza brotará y todo se renovará. “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo.”

Hermoso es estar con el Señor, eso es una bendición. Estar con el Señor y como el discípulo predilecto reclinarnos sobre su pecho. Sé que para muchos esta media hora radial ha sido esto: un reclinarse sobre el pecho de Jesús el Maestro, el único maestro verdadero cuyas palabras son “de vida eterna”. Sí, escuchar su palabra, sentir los latidos renovadores de su corazón, recobrar las razones para retomar la vida con esperanza.

Renuevo a todos la gratitud y el apoyo prestado, el tiempo dedicado y la atención prestada pero sobre todo el testimonio de fe de sus vidas, donde el hambre y la sed de Dios no se apagan.

Vamos a rezar para que estos espacios radiales sean una posibilidad, en tiempo no lejano, para todos los cristianos en Cuba. Vamos a rezar con confianza en Dios, autor de todo don, y con esperanza. ¿Se animan? Manos a la obra.

Y que Dios todopoderoso les muestre su rostro y los bendiga, Él que es + Padre + Hijo y + Espíritu Santo. Amén.

María Santísima, Virgen Madre y Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.

Oficina de Prensa del Obispado de Santa Clara

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