Por P. Lenin Bohórquez Carrullo, SchP
De Bono (2010) al explicarnos el gráfico comenta que en el primer caso, la persona ve la situación e inmediatamente la juzga. En el segundo, la persona ve la situación, después explora, y sólo entonces la juzga. Según el autor más del 90% de la información que manejamos la hemos adquirido con el primer modelo.
Haz escuchado la expresión: “la primera impresión es la que cuenta”. Pues resulta que es una gran verdad. La primera impresión que tenemos de una persona, problema o situación es la base sobre la cual construiremos la información que procesamos después. Esa impresión no tiene por qué ser directa; puede que tus padres, la televisión o alguien al que le concedes autoridad te haya dicho algo sobre un aspecto en específico y tú te lo creíste sin indagar. Eso que has asumido como verdadero, será el punto de partida sobre el que organizarás el resto de la información que tengas sobre ese tema en específico. Nuestro cerebro va incorporando y organizando la información que recibe a través de nuestros sentidos de forma espontánea, digamos, acrítica. Así pues, vamos discriminando la información en base a la idea previa que nos hemos formado de algo.
Digamos que hay experiencias que son superficiales y dejan impresiones fácilmente removibles en nuestra mente. Otras en cambio se han ido adhiriendo con la experiencia ordinaria. Y otras impresiones están tan fuertemente arraigadas que forman parte de lo que somos; es decir de la forma como nos vemos a nosotros mismos, a los demás y al mundo.


