Por Manuel Martínez Hernández*
Nuestro país y nuestra Iglesia, necesitan hombres y mujeres resilientes y responsables. Es cierto que existen personas que al enfrentar un trauma o una desgracia permiten que esta las sobrepase o supere, pero hay otros que no lo permiten. Muchos llevan esta actitud a un nivel superior, o sea transforman el trauma, el desafío, en algo positivo. Esto no implica rechazo, exclusión de nadie, sino comprensión, entendimiento, animación y apoyo para lograr que estos hombres y mujeres respondan a los desafíos y contrariedades de la vida y además aprendan a revertir lo negativo, a convertirlo en fuerza y vida plena.
Cristo con su muerte nos lo demostró porque convirtió la cruz, instrumento de muerte, oprobio, humillación y castigo; en camino y vía de Redención. Sobre ella logró derramar su perdón, sus gracias sobre todos; abriéndonos de esta forma el camino a la Salvación.
No obstante, debemos definir claramente que no es lo mismo ser una persona responsable a tener responsabilidad.
Ser una persona responsable implica tener esta cualidad humana. Es poseer la capacidad para responder a una necesidad o tarea ante los desafíos de la vida. Por otra parte, tener una responsabilidad o responsabilidades es aceptar con libertad, dar una respuesta a determinada situación o desafío concreto, asumiendo con determinación los trabajos y los riesgos que conlleva.
Es por ello que si no existe participación libre y con conciencia plena, no hay responsabilidad. Además de que si se plantea y repetimos, que sin una participación libre, cuando se enfrenta una tarea o encomienda a una persona que no ha participado, ni en su valoración de sus fines y objetivos,y ni siquiera en sus posibles consecuencias y solo se limita a su ejecución, y no se les han brindado los espacios necesarios para adquirir una responsabilidad madura, o sea, pensar con su propia cabeza, lo convertimos en ejecutor, en una simple correa de transmisión, pero no en una persona responsable, que desarrolla nuevas capacidades, con plena conciencia de lo que se apropia. Hasta que no asuma su corresponsabilidad, no lograremos, identidad, sentido de pertenencia, etc.
Los invito a hacer una oración reflexiva, que acompañe nuestra vida de todos los días y no nos limitemos solo a momentos con nuestros buenos deseos e intenciones, así lograremos que todo eso “bueno sea posible…”como nos enseñó el Padre Varela y que queremos para nuestra nación y nuestra Iglesia.
Comunidad de la Catedral San Isidoro. Director de Cáritas Diócesis de Holguín*
