Queridos hijos e hijas los saludo con alegría, dándole gracias a Dios por podernos encontrar nuevamente. Soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, Obispo de la diócesis más occidental del país que ocupa los territorios de las provincias civiles de Pinar del Río y parte de Artemisa.
El evangelio que hemos escuchado hoy corresponde al lunes 17 de agosto. En él encontramos un diálogo que a todos nos cuestiona: un joven se acerca a Jesús con el deseo de alcanzar la vida eterna. Quiere saber todo lo que hace falta y está deseoso de lograr la meta que se ha trazado.
Jesús le invita a cumplir los mandamientos, pero esa era una materia que ya el joven consideraba vencida, él quiere una opción más radical, ir al fondo del seguimiento. Sin embargo se enfrenta a una realidad que es superior a su deseo. Por eso ante la indicación de Jesús de vender todo lo que tiene, entregarlo a los pobres y seguirlo, Mateo nos narra que el joven se marchó entristecido porque era muy rico.
Tenía el deseo de seguir a Cristo pero estaba atado a sus posesiones. Puede que en ese instante de la conversación hayan pasado por su mente todos los trabajos que realizó para obtener sus riquezas, o todas las comodidades que ésta le proporcionaba. Poniendo cada cosa en una balanza, sus bienes pesaron más.
Tener la valentía para entregarlo todo y seguir a Cristo es una gracia que recibimos del mismo Dios. Ante la invitación de Jesús, está la respuesta del hombre, pero no podemos vivir en fidelidad a esta respuesta si no le pedimos que nos de la fuerza necesaria para lograrlo.
¿Cuáles son nuestras riquezas? ¿Qué nos impide seguir a Jesús con radicalidad?
Quizás sean los familiares y amigos, el ambiente en el que nos desenvolvemos, el estilo de vida que llevamos, en fin, cada uno puede hacer su lista y confrontarla con el Evangelio.
Yo creo, que al marcharse el joven, Jesús no lo juzgó pensando que era un ambicioso o un materialista. Creo más bien, que Jesús oró por él, porque era un buen muchacho, que ansiaba alcanzar la eternidad, había creído en el mensaje del Reino, pero todavía no estaba listo para el desprendimiento total, todavía no se había llenado internamente de Dios para poder hacer de Dios su absoluto.
Recemos por nuestros jóvenes, por aquellos que se encuentran en etapas de discernimiento vocacional, por todos los que se cuestionan qué hacer con sus vidas, qué Dios quiere de ellos, de qué manera vivir sembrando el Reino de Dios en medio de este pueblo que tanto lo necesita.
Pero pidamos también por todos los que no se lo preguntan, por quienes no han descubierto la necesidad de encausar sus vidas hacia una meta, por los que viven por vivir dejando que los años pasen, por quienes creen que es mejor la vida fácil que el esfuerzo por conseguir lo que desean; pues ellos necesitan mucho que Dios se haga presente en sus vidas y las ilumine.
Hoy hemos querido dedicar este programa a los seminaristas, conocer sobre sus vidas y el estilo que han asumido. Ellos son los futuros sacerdotes de nuestras comunidades parroquiales y necesitan muchísimo de nuestra oración constante para que lleguen a ser los pastores con olor a ovejas que el Papa Francisco nos invitaba a ser.
Necesitamos santos sacerdotes para la Iglesia Cubana, que a ejemplo de Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, hagan del anuncio del Reino el centro de sus vidas, que estén dispuestos a acompañar al pueblo desde la miseria humana y material que éste vive. Sacerdotes que animen y siembren esperanza, que estén dispuestos a dar el 100 por 1 en sus vidas. Pero para ello la comunidad cristiana debe ayudarlos mucho y acompañarlos con la oración perseverante, con la generosidad de sus compromisos y ser la familia cristiana que el párroco necesita para guiar el rebaño hacia el Reino.
Hacer presente a Dios en medio del mundo es una tarea de todo bautizado, cada uno desde su carisma y desde la respuesta que ha dado a Dios al escuchar su llamado. Caminemos juntos como comunidad para que nuestro pueblo no solo busque con ansia qué hacer para lograr la vida eterna, sino que esté dispuesto a dejar todo lo que nos ata y poder seguir a Jesús.
Que la Virgen de la Caridad nos acompañe en este camino y siempre.
