Por Ana Margarita Pérez Salceda*
Yo, la sabiduría, habito con la prudencia y poseo la ciencia de la reflexión (Prov. 8, 12)
Desde hace ya algún tiempo, vengo observando los diferentes avances tecnológicos que el mundo va realizando. Es increíble ver cuántas personas hoy en el siglo XXI, hacen uso de tanta tecnología, de la cual el hombre es su máximo autor. Hoy en día tener un teléfono móvil se ha convertido para muchos en una moda del momento, para otros como un medio de entretenimiento y distracción, así como también para otros sigue siendo ese medio de comunicación necesario.
Pero este año 2020 considero ha sido el año en el que más uso y consumo se le está dando a la tecnología. ¿Cuántos familiares y amigos tenemos por el mundo? En medio de esta situación pandémica ¿Qué otra alternativa tenemos si no es la de comunicarnos a través de un dispositivo móvil?
Quizás para muchos suena poco sensible la idea de vivir un distanciamiento social tan difícil en el que nos tengamos que conformar con un beso, una mirada, una sonrisa, un te quiero, a través de una pantalla digital. Demostrar afecto de esta manera suena un tanto cruel, pero es la opción más acertada que puede emplear ahora mismo cualquier ser humano en la tierra.
Lo cierto es que si bien hacemos uso de la tecnología de manera exagerada podemos llegar a los extremos. Y ahí ya no sería el hombre quien domine el consumo de la tecnología sino que, la tecnología dominaría al hombre. Quizás suena exagerado, pero cuantas personas pasan horas conectados al internet y olvidan dedicarle una conversación al más viejo de la casa. Tengo a mi abuela materna de 92 años, cada fin de semana que voy a verla me siento un rato en el portal de la casa para conversar con ella, en los últimos meses he estado mirando el móvil mientras ella me hace preguntas. Y uno de esos días recuerdo me dijo: yo también quiero un aparatico así, para poder estar conectadas y no aburrirme. Yo me reí muchísimo, y me dije: la oportunidad de disfrutar la compañía de mi abuela vale más que toda la tecnología del planeta.
Con esta reflexión solo quiero transmitirles que no hay duda de la importancia que amerita la tecnología y lo cercano que nos podemos volver al hacer uso de ella para con todas esas personas que son importantes en nuestras vidas, y de toda la información que recibimos a través de ella que se vuelve conocimiento. Pero, teniendo siempre presente que el consumo sea en la medida correcta, sin privarnos de vivir cada detalle del presente por muy pequeño que parezca, recordemos que en lo pequeño siempre estará Dios.
*Comunidad Nuestra Señora de Los Ángeles de Velasco, Diócesis de Holguín.
