Mensaje de Monseñor Juan Gabriel Díaz Ruíz, Obispo de Pinar del Río. Domingo 23 de agosto de 2020

A lo largo de los evangelios aparece una pregunta que se hacen los que de una manera u otra se encuentran con Jesús: la muchedumbre que viene a Él para que los ayude y consuele, los fariseos y maestros de la Ley (con buenas y malas intenciones), el rey Herodes, Pilato durante el interrogatorio antes de dar una sentencia y, también, los propios discípulos, atemorizados ante el poder de su maestro para calmar la tempestad…«¿Quién es éste?», se preguntan todos.

El Evangelio de este domingo nos presenta un momento crucial en la vida de los discípulos. Ahora es Jesús mismo el que pregunta: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Y la respuesta de los discípulos nos muestra el abanico de opiniones, más o menos fundadas, que corrían de boca en boca acerca de su identidad. Pero la pregunta que en realidad le interesa al Señor es la que hace a continuación: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» De nuevo, con el ímpetu acostumbrado, Pedro responde: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo»; pero no nos entusiasmemos demasiado, es cierto que ha respondido bien, sin embargo, lo que eso significaba en la realidad coincidía muy poco con la idea que él, Pedro, y los demás discípulos, tenían sobre la misión de su Maestro en este mundo, los hechos posteriores, en específico durante el arresto de Jesús y su crucifixión, nos lo muestran fehacientemente.

El Señor lo sabía muy bien, por esto se dedica, sobre todo a partir de este momento, a prepararlos para los acontecimientos futuros de su Pasión, Muerte y Resurrección, desmontando, hasta donde le fue posible, la concepción triunfalista y muy terrenal que tenían los discípulos sobre su condición de Mesías: destrucción de los enemigos de Israel, instauración en Jerusalén de un reino fuerte y estable, al estilo de la época dorada de David y Salomón, donde ellos, los discípulos, tendrían un lugar relevante. Solo después de la Resurrección comprendieron el verdadero alcance de la misión de su Maestro y, en consecuencia, su identidad y condición de Hijo de Dios.

Hoy, como entonces, la pregunta clave continúa siendo la que Jesús hizo a sus discípulos: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» En la actualidad hay infinidad de opiniones sobre Jesucristo, incluyendo la de aquellos que son indiferentes ante Él, para quienes su persona y obra no significan nada o muy poco. Pero siguen siendo cruciales la pregunta y la respuesta que cada uno le dé: determinan el rumbo y el sentido de la vida, los valores y principios por los que regiremos el pensar y actuar, las actitudes fundamentales que orientarán nuestro caminar por este mundo. El Evangelio que se nos propone en este domingo es una buena oportunidad para dejarnos interpelar por el propio Señor que, también a cada uno, le pregunta: «Y tú, ¿quién dices que soy yo?»

Deja un comentario