Por Julio Pernus*
La semana pasada los amantes del más universal de los deportes estuvimos de plácemes, pues hemos sido testigos de dos extraordinarias finales de clubes en Europa, la UEFA EUROPA LEAGUE, ganada de forma justa por el Sevilla y la CHAMPIONS LEAGUE, donde con autoridad triunfó el Bayer de Munchen. En realidad, puede que a muchos les resulte un poco desconcertante, pedir transformaciones a un deporte que se ha convertido en el más popular del planeta, pero temo que la hiperfutboralidad nos ha llevado a tejer un ecosistema de ligas y torneos futboleros, totalmente insostenibles en el tiempo.
Estamos apostando como humanidad por dotar al fútbol de un paradigma existencial sin umbrales económicos y esto, a la larga puede ser perjudicial, para el concepto de deporte que deseamos legarle a las futuras generaciones. Para ilustrar un poco en ejemplos tangibles el propósito de mi texto, el Bayer Munchen al ganar la Champions recibió una bonificación de 130 millones de euros, solo digo, en medio de la COVID-19, ¿es lógico gastar ese dineral en premiar a un equipo que ya es de millonarios? ¿Ese fondo no se podía emplear mejor en la remuneración a laboratorios que buscan de forma insistente una vacuna? El París Saint Germaint (PSG) desde el año 2009 hasta la fecha, ha invertido en la compra de jugadores unos 1,300 millones de euros, es una cifra brutal que si uno la compara con el PIB de países como Zimbawe que entre otras cosas, está en guerra por un colapso de su economía, me parece un poco dañada nuestra forma de pensarnos como humanidad, pues preferimos el espectáculo a cualquier precio, incluso antes de la vida.
Soy consciente y consumidor habitual de las grandes cuotas de felicidad que el fútbol nos produce, no niego el bien espiritual que nos regaló el regreso del más importante de los torneos de clubes a nuestros hogares en medio del confinamiento, ni el esfuerzo que esto conllevó de jugadores, técnicos y la estructura general del deporte, poniendo en riesgo de contagio sus vidas, por eso los aplaudo. Sé de los aportes que realiza el mercado futbolístico a la economía mundial, como me ha dicho un amigo, es mejor que estos magnates multimillonarios, inviertan su dinero en jugadores antes que en la industria armamentista. Pero, ¿cuál es el legado que como seres humanos deseamos dejarle al mundo? Leonel Messi gana 50 millones de dólares al año, pero aun así, junto a otros jugadores del Club Barcelona, se mostró contrariado, cuando le pidieron disminuir un 5 % de sus ingresos a causas de la crisis económica que sufre España. En Francia los aficionados al PSG no pudieron contener sus energías y de forma masiva fueron a ver la final a su estadio, exponiéndose a un contagio sin razón pues el partido era transmitido gratis por la TV, hemos llegado a ese punto de obesidad mental que es más importante un juego a miles de vidas.
No deseo para nada pedir que se acabe el fútbol a nivel mundial, yo sería el primer afectado y sé todo el bien que se genera alrededor de su industria; pero cuando varios amigos cubanos se han sumado a una campaña en las redes sociales (ya tienen más de 125 mil firmas) para que se entregue este año el balón de oro, me preguntó: ¿es más importante que un medio como la revista France Football invierta en un premio de esa magnitud económica o proponer donar este año esos ingresos a buscar un seguro candidato vacunal?
La Iglesia aboga por una distribución equitativa de la riqueza y el Papa Francisco ha puesto mucho énfasis en promover una distribución económica donde los que más tienen ayuden a los más pobres y necesitados.
Como ser humano, tengo fe en que sabremos encontrar algunas respuestas en los próximos años que nos permitan construir un nuevo paradigma sostenible (más ajustado a los tiempos que corren) para el futbol, un deporte que tanto bien hace a la humanidad.
Esta semana recomendamos la final de la Europa League y la Champions League que aparece en el paquete semanal en la carpeta de deportes.
*Comunidad de la Asunción en Guanabacoa, Arquidiócesis de La Habana.


