Mensaje de Monseñor Juan Gabriel Díaz Ruíz, Obispo de Ciego de Ávila. Domingo 30 de agosto de 2020

Todos recordamos el episodio de las tentaciones de Jesús en el desierto durante aquellos cuarenta días en los que se preparó para iniciar lo que conocemos clásicamente como su vida pública: al final, Satanás se acerca a Él para incitarlo a tomar unos caminos muy distintos a los de Dios, en el desempeño de su misión en este mundo. La respuesta del Señor fue tajante y clara entonces: cumplir la voluntad de su Padre era la prioridad absoluta.

La respuesta que Pedro, en nombre de todos los discípulos, dio a la pregunta de Jesucristo, «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?», parecía tener clara esta razón de ser de la vida y la misión del Señor; pero, no mucho después, esta impresión se desvanece cuando la réplica del apóstol ante la revelación del camino de sufrimiento, humillación, muerte y resurrección por el que pasaría Jesucristo nos demuestra que sus ideas, y también las del resto de los discípulos, estaban muy lejos de coincidir con la realidad. Así, Pedro, sin pretenderlo, se convierte, en la práctica, en “Satanás” para su Maestro, es decir, procura que desista de tomar el camino de la Pasión, Muerte y Resurrección, para que adopte uno, según sus criterios, más adecuado a la condición de Mesías e Hijo de Dios, eldel triunfo y la imposición de su dominio sobre los adversarios; el discípulo se constituye a sí mismo en maestro de su Maestro.

En la mayoría de las traducciones al español, la respuesta de Jesús a Pedro comienza con un «¡apártate…!» o «¡aléjate de mí…!», sin embargo, la frase original en griego, traducida literalmente, sería: «¡Camina (o anda) detrás de mí, Satanás…!», es una orden categórica del Maestro al discípulo, para que ocupe el lugar que le corresponde, es decir, detrás de él, siguiendo sus pasos, no pretendiendo darle lecciones, sino, por el contrario, recibiéndolas. La máxima aspiración del discípulo no puede ser otra que igualarse a su maestro, tal como Jesús enseña en otra parte de los evangelios; ahora podemos entender mucho mejor sus palabras acerca de las exigencias que se imponen a todo el que quiera ser su discípulo: quien quiera serlo debe, por consiguiente, seguirlo por el camino de la cruz, que termina en la resurrección; no hay otro modo.

Queridos hermanos: si somos discípulos de Cristo, de una u otra manera pasaremos por la cruz para poder alcanzar la resurrección. No hay atajos en este camino ni excepciones: esto sería dejar de seguir al Maestro que primero lo recorrió para que siguiéramos sus pasos. Se trata pues, de pedirle la fuerza de su Espíritu Santo para poder seguirlo fielmente, cargando nuestra cruz, como Él lo hizo por todos, hasta el final, la gloria de la resurrección.

Deja un comentario