Mensaje de Monseñor Juan Gabriel Díaz Ruíz, Obispo de Ciego de Ávila, por la fiesta de la Virgen de la Caridad 2020

“He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” es la última frase del pasaje evangélico que nos presenta la anunciación a María, la Virgen. Acaba de conocer que Dios la ha escogido para ser la madre del salvador prometido por medio de los profetas y, por esta causa, va a tener un papel único en la Historia de la salvación, por cierto, nada fácil ni sencillo, como todos sabemos. Ante lo desconocido y la inmensa responsabilidad que se le pide asumir, la respuesta de la Virgen es de una sencillez increíble y, sobre todo, impregnada de una ejemplar confianza y fe en el Señor; ella es heredera de todos aquellos que, a través de los siglos, respondieron “sí” a la llamada de Dios y aceptaron enfrentar incluso la muerte por tal de ser fieles a ella.

La Virgen encarna lo mejor de todos esos hombres y mujeres que obedecieron a Dios y fueron adelante hasta el final; hay una cadena ininterrumpida, especialmente a partir de Abraham, “nuestro padre en la fe”, que desemboca en ella y en ella tiene su fruto mejor.

María, la Virgen, aceptó todo lo que acontecería en su vida a partir de su respuesta al Señor, asumió vivir con fe lo desconocido sin poner condiciones previas, pero no lo hizo ni a tontas ni a locas, sino sabiendo muy bien a quién se estaba confiando: Dios no es para ella un extraño, por eso su obediencia a la voluntad divina no tiene nada de absurda, irreflexiva o ciega, su “sí” no es un salto al vacío.

En estos tiempos difíciles que nos ha tocado vivir, y siempre, necesitamos confiar, tener esperanza y paz en nuestros corazones. La Virgen María nos indica claramente que Dios es esa roca firme (como afirman con insistencia los salmos de La Biblia), en la que podemos apoyarnos con plena seguridad, en sus manos amorosas de Padre podemos descansar, seguros de que nunca nos abandonará, y como Él es aquel para quien nada hay imposible, tenemos la certeza de que nos llevará con mano firme, a través de las vicisitudes diarias, hasta la felicidad eterna prometida. Solo es necesario ser obedientes a su voluntad y, como ella lo hizo, confiar totalmente en Él. Que la Virgen de la Caridad, Madre y Patrona de todos los cubanos, nos acompañe y anime en este camino de fe y confianza en Dios.

Deja un comentario