Por. P Lenin Bohórquez Carrullo Sph *
Estamos llegando al final de la primera parte del libro. Espero tengas la impresión de que enseñar a pensar no consiste en hacer un conjunto de cosas; sino de un estilo de vida. Como padre o madre, abuela o docente vas tomando conciencia los cambios que hay que generar en la relación con los niños. No son pequeños adultos, pero si son capaces de percibir, sentir y dar significado a su mundo entorno a partir de la experiencia que van adquiriendo desde los primeros años de su vida.
Pensar es algo que hacemos espontáneamente los seres humanos y en esa actividad se configura todo nuestro ser personal. Pensar no es sólo dar buenas razones, también es sentir y percibir. Pensamos con imágenes, evocamos experiencias, sentimientos; nuestros pensamientos los atrapamos en palabras, símbolos, gestos, ritos. Pensamos para resolver problemas, pero también para anticiparnos a los mismos; al primero lo llamamos pensamiento reactivo, al segundo prospectivo. Nuestro pensamiento es autocorrectivo, busca mejorar lo existente. Pensamos para hacer las cosas mejor, más rápido, más satisfactorias. Pensar es buscar la excelencia en todo. De Bono considera que el pensamiento es práctico y que se puede enseñar deliberadamente, ayudando a los niños a enfocarse en lo que están haciendo, siendo conscientes del contexto en el que se mueven y desarrollando tareas para alcanzar las metas propuestas.
El buen pensador es como el carpintero o el mecánico que saca de su caja de herramientas la que se ajusta a la necesidad que se le presenta en el momento.
Comunidad San Judas Tadeo en Centro Habana, Escolapios Guanabacoa*
