Mensaje de Monseñor Juan Gabriel Díaz Ruíz, Obispo de Ciego de Ávila. Domingo 4 de octubre de 2020

¡Qué gran paciencia la de Dios con el pueblo de Israel! Si recorriéramos todas las páginas del Antiguo Testamento y buena parte de las del Nuevo, llegaríamos a la conclusión de que, sin duda, son la historia de la misericordia del Señor y su paciencia inigualable con el pueblo escogido; en el extremo opuesto encontraríamos las numerosas y continuadas infidelidades de Israel a la Alianza y al Dios que los estableció como su pueblo por medio de ella. La parábola de la viña que solo produce uvas agrias, a pesar de la dedicación ejemplar del viñador en su cuidado, primera lectura de hoy, en el libro del profeta Isaías, testimonia la decepción de Dios ante la incapacidad de los israelitas para dar frutos de bien, justicia y fidelidad: “¿Qué más cabía haber hecho por mi viña que yo no lo haya hecho?”, se lamenta el Señor, y no se necesita pensar mucho para encontrar la respuesta.

Jesús retoma esta imagen de la viña para mostrar también, en una especie de repaso de la Historia de la Salvación, la cadena de rechazos, incluso violentos, que han sufrido los enviados por Dios a Israel: entre ellos descuellan los profetas, que sufrieron persecución, e incluso la muerte, por causa del anuncio fiel de las palabras del Señor a su pueblo. La parábola está dirigida especialmente a los sumos sacerdotes y demás autoridades religiosas israelitas, es decir, a aquellos que se suponía eran los guías de la nación en cuanto a la vida de fe, por esta causa tiene un intenso dramatismo el momento culminante de la narración de Jesús cuando hace el anuncio anticipado de la suerte que Él mismo correrá: está hablando frente a sus futuros jueces y ejecutores.

Sabemos que las parábolas suelen terminar con una frase que sintetiza el mensaje central que se proponen dar a los oyentes, nosotros diríamos “la moraleja”, como en las fábulas; Jesucristo concluye la de hoy con unas palabras demoledoras: “Se les quitará a ustedes el Reino de los cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.” Como se trata de la Palabra de Dios, entonces este mensaje es, además, para la actualidad; la advertencia vale también para quienes se nos acaba de proclamar este evangelio: si no damos frutos de bien y justicia, no entraremos en el Reino de Dios, su paciencia no puede servirnos de falso pretexto para posponer indefinidamente la necesaria conversión de vida que el Señor nos pide cada día.

Hermanos: la historia de Israel tiene carácter ejemplarizante para nosotros hoy, nos sirve de llamada de atención para que evitemos sus errores y pecados y, por el contrario, imitemos los numerosos ejemplos de fidelidad y entrega al cumplimiento de la voluntad divina que encontramos a lo largo de ella. Animados por esto y a la luz de la enseñanza que el Señor Jesús nos ha dado en la parábola del evangelio de este domingo, esmerémonos, con la fuerza de su Espíritu Santo, en dar los buenos frutos que Él espera de cada uno de nosotros.

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