Homilía de SER Cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez, en la celebración de la Virgen de la Medalla Milagrosa, el pasado 27 de noviembre de 2020

La Virgen María de la Medalla Milagrosa nos muestra los rayos y las luces de la fe en Dios, la esperanza en la Palabra de Dios que nunca deja de cumplirse y la caridad, que es amar a Dios y a los hijos de Dios que son nuestros hermanos.

Como la Virgen en su vida terrena, como Santa Catalina Labouré, como San Vicente, como José Martí, Ignacio Agramonte, Carlos Manuel de Céspedes, Antonio de la Caridad Maceo y Grajales, creemos en el Dios que nos creó en el seno materno a su imagen y semejanza. Dios es amor, paz, misericordia, perdón. Y al ser hechos al molde de Dios es propio de nuestra vida “cultivar una rosa blanca en julio como en enero para el amigo sincero que me da su mano franca y para el cruel que me arranca el corazón con que vivo, cardo ni oruga cultivo, cultivo la rosa blanca”.

La Virgen nos ofrece rayos de esperanza. La Virgen que escuchó, vivió y enseñó la Palabra de Dios, nos recuerda la esperanza de los profetas anunciada hace más de 2500 años: de las espadas se forjarán arados, habitará el lobo con el cordero, el león comerá paja con el buey, un niño jugará con la hura del áspid.

Algunos de los aquí presentes dirá: eso es imposible. La Virgen dice: para Dios no hay nada imposible.

Un día el bien derrotado vencerá al mal triunfante, el amor al odio, el perdón a la venganza, la paz a la guerra, la virtud al pecado.

San Pablo, en la carta a los cristianos de Filipos, escrita desde una cárcel, dice: alégrense. Y la palabra alegría está repetida 16 veces en la carta. Sabía San Pablo que su sufrimiento sería fecundo y que el Señor estaba a su lado y no le fallaría.

Para mantener la esperanza fortalecemos las manos débiles, robustecemos las rodillas vacilantes y perseveramos en el bien.

Los artistas dicen que es difícil distinguir entre un amanecer y un atardecer, entre un sol que se levanta y un sol que se pone. Confiamos en que al final de nuestras vidas podamos entregar a Dios una persona mejor, una familia mejor, una iglesia mejor, una Cuba mejor con la luz del Espíritu Santo y la Virgen.

La Virgen Milagrosa nos ofrece rayos de amor y caridad. Nuestros  mayores y antepasados vieron y disfrutaron la luz del amor. Nuestras madres nos enseñaron el amor y el vivir unidos los hermanos. Cada uno recuerde cuantos ejemplos de amor, cuántas enseñanzas de amor. Los esposos de muchos años de casados nos muestran la maravilla matrimonial y la felicidad familiar que surge de la luz del amor.

Nuestro José Martí nos enseñó sobre el amor en Cuba. Ha escrito: “Nunca he de llamar vil a un cubano que no piense como yo. El amor es la mejor ley. La única fuerza de esta vida es el amor. La única ley de la autoridad es el amor. Lo que me duele no es vivir: es vivir sin amor”.

Santa María de la Medalla Milagrosa, ruega por tus hijos y ponte en medio de ellos para que nadie insulte a nadie, nadie golpee a nadie, nadie mate a nadie y todos bañados por la luz del amor hagamos de esta tierra la más hermosa que ojos humanos han visto.

Santa María de la Medalla Milagrosa, ruega por nosotros que recurrimos a ti.

Deja un comentario