Mensaje de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz sj, Obispo de Pinar del Río. Domingo 20 de diciembre de 2020, IV de Adviento


Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz sj, Obispo de la diócesis de Pinar del Río.
Hoy me dirijo a ustedes mientras iniciamos la cuarta semana del tiempo de Adviento. Este 24 de diciembre, el mundo se paraliza, los cielos se abren, los ángeles cantan glorificando a Dios y en cada familia cristiana el corazón se ensancha ante la llegada de un pequeño niño que hace 2020 años nació en un pequeño establo en la ciudad de Belén, en el territorio de Israel.
Cada año los cristianos celebramos llenos de alegría la Navidad. Dios que se hace hombre para levantarnos y revelarnos el verdadero rostro del Padre.
Todo esto ha sido posible porque meses antes de la escena de Belén, una joven nazarena de aproximadamente 16 años, se abandonó a las manos de Dios y acogió el plan que Él tenía para ella, y en ella, para todas las generaciones.
Cuando pensamos en el SI de María a la propuesta de Dios, no podemos olvidar que con ese SI toda su vida quedó comprometida. La respuesta que ella dio no era algo espontáneo o lógico. María dirá que SI, más por confianza y fe que por conocimiento. Ella apenas podía entender lo que le había sido explicado… y sin embargo, dice que SI. Además, la fe de María será puesta a prueba cada día. Ella quedará encinta. No sabe bien cómo, pero lo cierto es que su corazón está inundado por una luz especial. Aunque su querido José dude, ella vive inmersa en el misterio sin pedir pruebas, vive unida al misterio más radical que existe: Dios. Él sabrá encontrar las soluciones a todos los problemas, pero hacía falta fe, hacía falta abandono total a su voluntad.
María se dejó guiar por la fe. Ésta la llevó a creer a pesar que parecía imposible lo anunciado. El Misterio se encarnó en ella de la manera más radical que se podía imaginar. Sin certezas humanas, ella supo escoger confiadamente la Palabra de Dios.
María también supo esperar, ¿cómo vivió María aquellos meses, y las últimas semanas se la espera de su Hijo? Sólo por medio de la oración y de la unión con Dios podemos hacernos una pálida idea de lo que ella vivió en su interior. También María vivió con intensidad ese acontecimiento que transformó toda su existencia de manera radical. Ella dijo SI y engendró físicamente al Hijo de Dios, al que ya había concebido desde la fe. Estas son sus experiencias que contrastan con nuestro mundo materialista, especialmente en la cercanía de las fiestas de Navidad. Por ello, como cristianos, ¿cómo no centrar más nuestra vida al contemplar este Misterio inefable? ¿Cómo no dar el anuncio de la alegría de la Navidad a todos los que no han experimentado ese Dios-Amor?
En medio de esta realidad, maría aparece dándonos la mejor clase en la escuela de la fe. Acoge el misterio, se abandona en las manos divinas y se pone en camino hacia la casa de su prima, a pesar de su estado y las condiciones de la época, para servirle en su embarazo.
Aprendamos de María a vivir así. Aceptar el plan de Dios siempre aunque éste sea totalmente distinto al que nos habíamos planeado. Abrir nuestra vida a lo desconocido y lanzarnos con confianza en Dios que nunca nos abandona aunque el mundo nos grite lo contrario.
Al recordar estos doce meses vividos pensamos en las tantas veces que las lágrimas han bañado nuestra mirada. ¡Cuánto dolor, muertes, miedos, incertidumbres, carencia, hemos vivido! Pero también es momento para agradecer a Dios por todo lo que hemos recibido de sus manos, muchas veces inconscientemente. Agradezcamos por el don de la vida, por todas esas veces que hemos podido alimentar nuestro cuerpo, vestirlo, aliviarlo. Demos gracias por la familia que nos ha acompañado cerca o lejos, a través de llamadas telefónicas y mensajes, pero siempre presente para cada uno de nosotros. Recordemos a los amigos y vecinos que han compartido nuestro dolor y han puesto su hombro, intercambiando opiniones y consejos. ¡Siempre han estado allí!
Este 24 de diciembre, cuando nos sentemos a la mesa en familia, para compartir lo que sea que tengamos, demos gracias a Dios, porque en medio de la oscuridad, Él se manifiesta como la Luz que ilumina nuestra vida para que, como le fue anunciado al pueblo de Israel: no caminemos más en sombras de muerte.
¡Cristo Jesús ya llega a salvarnos!, abramos las puertas personales y colectivas para que entre a regir la Tierra.
Que la Virgen de la Caridad, la joven nazarena que acogió al Señor en sus entrañas, nos acompañe siempre.

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