Por Fátima de los Ángeles Pompa* y José Ignacio Amador Brú**
El Real y Conciliar Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio. Fundación de un paradigma de la educación en Cuba.
“Dios no manda cosas imposibles,
sino que, al mandar lo que manda,
te invita a hacer lo que puedas
y te ayuda para que puedas”
San Agustín
Desde Finales del siglo XVII, la alta sociedad habanera tenía entre sus principales aspiraciones e intereses, el desarrollo de centros culturales capaces de formar, en la juventud acomodada de la ciudad, la élite intelectual que diera honra y lustre a la Isla, y al mismo tiempo cubriese las necesidades de canonistas, abogados, teólogos y eruditos defensores de los intereses familiares o regionales.
Y es que una parte importante y casi imprescindible de la mentalidad de la época era llegar a poseer un clero criollo culto, e incluso, el que algún miembro cercano de la familia perteneciese a dicho clero era una de las aspiraciones más preciadas.
Durante este período habían tomado cuerpo tres instituciones que asumían el trabajo de cumplir con semejantes demandas sociales: el Seminario de San Ambrosio fundado por Don Diego Evelino y Vélez, el Obispo Compostela, en 1689; la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana, fundada en 1728 por los frailes dominicos y el Colegio San José, que había sido comenzado a construir en 1700 a cargo de los jesuitas.
Sus modelos de enseñanza y sus concepciones tenían como base a las interpretaciones de teólogos y escritores españoles del siglo XVI, y en la copia fiel de los modelos peninsulares y escolásticos de periodos anteriores, que redundaban en esa visión tan profundamente tomista del imperio hispánico.
La excepción a esta regla la desempeñaba el Colegio de San José, donde los jesuitas llevaron a cabo una visión más acorde con la modernidad.
A la tradicional y vetusta enseñanza de la filosofía (escolástica), se le sumaban la matemática y la física. Así mismo, entre los autores de los que poseían libros estaban junto a los Santo Tomás de Aquino, Demócrito y Heráclito; obras de John Locke y Sir Isaac Newton, al tiempo que aparecía citado con relativa frecuencia René Descartes en los manuscritos de enseñanza de filosofía con los que contaba la institución.
Diferentes autores han alabado el carácter modernista de la enseñanza en esta institución. A decir de Rafael Montoro, los sacerdotes jesuitas apelaban a la razón y a la experiencia, entendidas a la manera moderna, son eclécticos.
Por su parte Luis A. de Arce habla de cómo trajeron mucho del pensamiento racionalista francés desde entonces divulgado en México: Diderot, Voltaire, Rousseau, D´Alembert y Mably; considerándolos profundamente anti escolásticos.
Bibliografía:
Larrúa Guedes, Salvador. Grandes Figuras y Sucesos de la Iglesia Cubana. Centro de Estudios Sociales. P. Juan Montalvo, S.J. Santo Domingo, República Dominicana. 1996
Torres-Cuevas, Eduardo. Leyva Lajara, Edelverto. Historia de la Iglesia Católica en Cuba. La Iglesia en las patrias de los criollos (1516-1789). Ediciones Boloña. La Habana, Cuba. 2008
*San Salvador de Bayamo. Diócesis Bayamo-Manzanillo.
**Santa Catalina de Ricci. Diócesis Guantánamo-Baracoa.
