Mensaje de Monseñor Juan Gabriel Díaz Ruiz, Obispo de Ciego de Ávila. Domingo 27 de diciembre de 2020, Sagrada Familia

“La familia es la célula fundamental de la sociedad…”, sin duda que lo hemos escuchado o afirmado, en persona, innumerables ocasiones. En resumidas cuentas, algo de esencial e importante debe tener la familia cuando ha logrado permanecer a lo largo de la historia humana hasta nuestros días, de una u otra forma, y en medio de las grandes vicisitudes y tragedias que todos conocemos; además, no por casualidad, el Salvador del mundo, Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, vino a la tierra en el seno de una familia y en ella dio sus primeros pasos y aprendió a vivir entre nosotros: “El Verbo se hizo carne y puso su tienda de campaña (es decir, acampó, se estableció), entre nosotros” (Jn 1,14); de manera que el modo en el cual el Hijo de Dios asumió nuestra condición humana fue viviendo y compartiendo las realidades positivas o negativas, alegres o tristes de nuestra existencia humana y, ciertamente, la vida familiar fue una de las fundamentales para ello.
Este primer domingo después de la Navidad, la Iglesia nos invita a celebrar la fiesta de la Sagrada Familia, a mirar con veneración a María, la Virgen, a José, su esposo, que teniendo como centro a Jesucristo, el Salvador, formaron una familia única en la Historia, porque de ella fue miembro el propio Hijo de Dios. Ellos constituyen el modelo para toda la familia humana, pero no porque estuvieron ausentes de sus vidas los contratiempos, las dificultades, las opiniones diferentes, las incertidumbres e, incluso, el sufrimiento y la muerte, sino por el modo en el que, unidos en el amor y la entrega mutua, obedientes siempre a la voluntad de Dios, encontraron los mejores caminos para obrar de acuerdo al mayor bien posible para toda su familia.
Queridos hermanos: son muchas las cosas que hoy en día favorecen la dispersión, el egoísmo, la búsqueda exclusiva del beneficio individual, la insensibilidad ante la necesidad o el sufrimiento de las personas que nos rodean, la insinceridad y el ansia desmedida por las cosas secundarias y menos importantes, olvidando las que no debieran faltar jamás en nuestra vida, y todas ellas, forzosamente, hacen daño y debilitan la convivencia familiar. La fiesta de hoy no sugiere que nos sustraigamos absolutamente a esas realidades -lo cual sería imposible, porque vivimos en este mundo, sino que, tomando como modelo la Sagrada Familia, formada por la Virgen María, San José y Jesucristo, el Salvador, enfrentemos estos obstáculos y situaciones con las únicas armas efectivas y capaces de vencerlos: el amor, el respeto, la fidelidad, el sacrificio, la tolerancia y la generosidad, entre otras; todas ellas virtudes propias de una sana vida familiar, capaz de formar personas libres, honradas y dignas. Que la Sagrada Familia de Nazaret nos acompañe en este empeño tan decisivo para la Iglesia y para Cuba.

Deja un comentario