Mensaje de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, sj, Obispo de Pinar del Río. Domingo 17 de enero de 2021

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz. sj, obispo de esta diócesis vueltabajera y pastor de todos.

Hoy escuchamos el Evangelio según San Juan, quien nos narra la llamada de los primeros apóstoles de una manera diferente a como lo hacen Mateo, Marcos y Lucas en sus evangelios. Juan no coloca la escena junto al mar de Galilea, sino a orillas del río Jordán, donde un día Juan Bautista se encontraba con dos de sus discípulos y al ver a Jesús que pasaba, lo llama “el Cordero de Dios”, como lo había hecho anteriormente.

Jesús ya había iniciado su misión. Ahora recibía a los discípulos de Juan. El Bautista había comprendido que su tarea era señalar al Mesías, y la había realizado totalmente. Él era consciente de la verdadera identidad de Jesús, había podido descubrirlo, mirar en su interior y al reconocer en él al Cordero de Dios, anunciarlo al pueblo.

Pero esta experiencia la viven también los discípulos, quienes luego de estar un rato con Jesús se dan cuenta de que Él no es solamente un Maestro, o un gran personaje, por eso Andrés al darle la noticia a su hermano Simón, le expresa: “Hemos encontrado al Mesías”, y Felipe habla de Jesús como de aquel del que han escrito Moisés y los profetas. Por su parte Natanael va más allá y lo reconoce como el Hijo de Dios y Rey de Israel.

Esta experiencia no se logra con un simple encuentro pasajero. Para conocer a Dios es necesario estar tiempo con él, acompañarlo y escudriñarlo…. Convivir con Él.

Jesús, al verlos, le hace una pregunta directa: “¿Qué buscan?” y nos lo repite también a nosotros cuando nos acercamos tratando de descubrirlo.

Tú y yo, ¿qué estamos buscando al acercarnos a Dios? Podemos correr el riesgo de buscar un bálsamo para nuestros problemas, un justiciero que tome venganza contra todos los que nos hayan ofendido en algún momento o un mago que haga desaparecer el sufrimiento y nos pinte toda la vida de color rosa.

Pero el seguimiento de Jesús va más allá de estos ejemplos. Para seguir a Jesús no debemos fiarnos de lo que dicen de Él los demás, si no que debemos experimentarlo en nuestra propia vida, conocerlo, amarlo, vivir de forma diferente a como la sociedad vive, sabiendo que somos parte de ella, pero nuestro ejemplo debe ser un testimonio claro y fiel para aquellos que andan perdidos, aquellos que no le conocen, aquellos que creen que Jesús es grande como  Ghandi, Martin Luther King, o cualquier otra figura destacada de la historia. Jesús es grande porque es el Hijo de Dios y en Él la divinidad y la humanidad van unidas.

Nosotros debemos vivir siendo más humanos, más sanos, más acogedores, más cercanos, más libres. Sentimos y vivimos la alegría de su seguimiento, estando más próximos al  prójimo, porque cuando descubrimos a Jesús la vida cambia radicalmente.

Pensemos entonces, por un momento, ¿cómo ha cambiado mi vida desde que me encontré con Cristo? Y ojalá que la respuesta sea siempre que me ha permitido ser mejor persona, que me ha llevado a revisar mis actitudes y a evaluarlas desde la moral cristiana. Ojalá que en la respuesta podamos ver que le damos más valor al servicio a los demás y que ha aumentado mi confianza en Dios como el amigo que se me revela, para que lo conozca desde el interior de mi corazón.

Que María de la Caridad interceda por nosotros para que tengamos una fe tan grande que nos permita confiar en que sólo Dios basta.

Deja un comentario