Mensaje de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruíz, sj. Obispo de Pinar del Río. Domingo 31 de enero de 2021

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz. sj, obispo de esta diócesis vueltabajera y pastor de todos.

Marcos nos mostró el domingo pasado, cómo ha comenzado Jesús su vida pública: insertándose en el movimiento de conversión que había sacudido a todo el pueblo al llamado de Juan Bautista. Hoy nos va a presentar algo como su “jornada laboral”. A través de sus palabras y de sus actos, se manifiesta una fuerza que impresiona a todos los presentes.

Es sábado, y los judíos asisten a las sinagogas para escuchar los rollos sagrados y orar al Dios de Israel. El presidente y el consejo de la sinagoga dejaban fácilmente la palabra a los más instruidos y Jesús se impone inmediatamente. Él tiene la autoridad de los que gozan de la inspiración profética y de quienes, por instinto, se percibe que sus palabras son de Dios. Para él no se trata únicamente de repetir los textos sagrados, sino que se apoya en ellos para anunciar que han comenzado nuevos tiempos. No es tanto lo referente al contenido, sino a la forma de enseñar que impresiona, habla a partir de su experiencia de Dios y de la vida. Su palabra tiene raíz en el corazón.

Aparece entonces en la escena un hombre poseído por un espíritu impuro, como se acostumbraba a llamar a los demonios.  Lo enfrenta y reconoce como el Mesías, el Santo de Dios.

Hoy también mucha gente vive alienada de sí, engañada por el poder de los medios de comunicación, de la propaganda política. Repiten lo que oye decir. Vive esclava de las banalidades del mundo. A veces no nos damos cuenta de cómo el mal va penetrando en nosotros: sembrando dudas, odios, ambiciones, rencores, etc.

Jesús amenaza al espíritu del mal. El espíritu hace revolcar al hombre, lanza un grito tremendo y sale de él. Jesús devuelve las personas a ellas mismas. Así ocurre con nosotros cuando nos encontramos con él. “Porque al Nombre de Jesús toda rodilla se dobla en el cielo, en la tierra y en el abismo, y toda lengua proclama que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Flp. 2, 10-11)

La escena que acabamos de escuchar sembró intriga entre la gente, quienes sorprendidos se preguntaban de dónde salía tanta autoridad. Y comenzaron a contar lo que había ocurrido, extendiendo la fama de Jesús por todo el territorio de Galilea.

Tengamos valor para cambiar, para pedirle a Dios que nos ayude y fortalezca ante las tentaciones y demonios de nuestros tiempos y seamos proclamadores de las maravillas que Dios ha obrado en nuestra vida.

Qué María de la Caridad nos acompañe en esta aventura espectacular de ser cristianos.

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