Mensaje de Monseñor Juan Gabriel Díaz Ruiz, Obispo de Ciego de Ávila. Domingo 31 de enero de 2021

A los contemporáneos de Jesús les asombraba notablemente el modo en el cual exponía su enseñanza, sobre todo cuando se trataba de la interpretación de pasajes concretos de la Ley de Moisés; la generalidad de los llamados “maestros de la Ley”, o sea, estudiosos de la ley dada por Dios a Moisés y que constituía (también hoy) fundamento y guía de la vida de fe del pueblo israelita, en la mayoría de los casos se limitaba a citar las palabras que los grandes maestros de la antigüedad habían pronunciado al respecto, pero el Señor, como asevera el evangelio de hoy, hablaba “con autoridad”. Desde luego, no se trataba de fanfarronadas o simple terquedad -por aquello de que, como es conocido, “la ignorancia es atrevida”-, sino de autoridad indiscutible: quien está enseñando es el Maestro, así, con mayúscula, que viene a hablarnos en nombre de su Padre; en consecuencia, la fuerza de sus argumentos no proviene del apoyarse en lo dicho por otros (no obstante lo muy antiguos y venerables que fuesen), sino del ser Él quien es: el Hijo amado del Padre, como se declara solemnemente en su bautismo en el Jordán.

No por casualidad ni de pasada el evangelista Marcos menciona la curación en la sinagoga del hombre poseído por el espíritu inmundo: un enemigo directo, parte de las fuerzas del mal que se oponían a la misión salvadora de Jesús, reconoció perfectamente su identidad; es de lamentar, sin embargo, que los testigos presenciales de las palabras y signos milagrosos del Señor (entre ellos, los discípulos) no alcanzasen a salir de su asombro y se quedaran anclados en la repetición de las preguntas, “¿qué es esto…?”, “¿quién es éste…?”; así de ciegos y sordos podemos ser a la evidente presencia de Dios en nuestras vidas. La respuesta final la dará el capitán de los soldados que custodiaban a los crucificados, al ver morir a Jesús: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”; pero para llegar a ese instante supremo faltaba todavía mucho camino.

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