Mensaje de Monseñor Juan Gabriel Díaz Ruiz, Obispo de Ciego de Ávila. Domingo 7 de febrero de 2021

Durante los domingos anteriores los evangelios correspondientes nos han mostrado los inicios del ministerio público de Jesús: su predicación en pueblos, aldeas y sinagogas, anunciando la llegada del Reino de Dios, y la necesaria conversión que esto implicaba para todos sus oyentes. El evangelio de hoy continúa esta serie de relatos y resúmenes sobre la actividad incansable del Señor, ahora con un componente agregado muy importante: la presencia de los discípulos, sobre todo Pedro y Andrés, con Santiago y Juan.

No habría mucho que añadir a lo expresado en los comentarios anteriores, Jesús continúa proclamando el Reino de Dios y haciendo los signos milagrosos que acompañan esta predicación que, al mismo tiempo, corroboran la validez de su mensaje. No obstante, hay dos detalles, en realidad, mucho más que simples “detalles”, que constituyen principios esenciales en su misión salvadora. Uno de ellos es la oración, que expresa la unión singular que Él tiene con su Padre Dios, un rasgo tan característico, que fue ocasión para que los discípulos le pidieran que los enseñara a orar, gracias a lo cual tenemos como herencia la oración modelo de todas, el Padrenuestro; es muy significativo que la actividad constante, que incluso les impedía alimentarse, debido a la cantidad de personas que iban y venían, no impidió nunca que Jesús dedicara largo tiempo, con frecuencia noches enteras, a orar, a hablar con su Padre. Esto, sin duda, lo alejó de toda sombra de activismo desenfrenado y lo centró en lo único importante: cumplir la voluntad de Dios.

El otro “detalle” notable, ya al final del evangelio de hoy, lo tenemos en la respuesta que le da a la solicitud de Pedro y sus acompañantes, que lo han buscado preocupados hasta encontrarlo, finalmente, sumido en profunda oración: “Vamos a otra parte, a las aldeas próximas, para predicar allí, pues para eso he venido”. Jesús tiene muy claro que su misión no se restringe al grupo de personas cercanas ni puede estancarse en el círculo limitado de sus simpatizantes: Él ha venido para todos y, en consecuencia, como apunta el evangelio, “se fue a predicar en las sinagogas de toda Galilea…”

Oración constante, para mantenerse a la escucha de Dios; esfuerzo sostenido en el anuncio de la Buena noticia, dos pilares de la vida de Jesús, que deben ser, también, los de nuestra fe cristiana.

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