Tal como canta el Salmista, “la voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica”, y es que tiene tanta fuerza la voz del Señor que su Palabra nos ha convocado a todos para hacernos participar de su Misión.
Hace dos años, gran parte de los que hoy conformamos el equipo de la Red Católica Juvenil, escuchamos esa voz potente del Señor. Voz que para algunos fue como una sacudida fuerte o una lluvia que empapó la aridez del corazón; para otros, esta voz fue como un arrancar una corteza de insensibilidad misionera. La realidad es que esta voz de Jesús irrumpió en nuestra cotidianidad para lanzarnos a un inmenso campo de evangelización: las redes sociales, los nuevos medios y las comunidades virtuales donde un sinnúmero de jóvenes y no tan jóvenes pasan gran parte de su tiempo… estos nuevos Areópagos estaban reclamando la presencia evangelizadora de la juventud católica cubana.
Sin que lo esperásemos, sin tener muy claro todavía qué iba a venir por delante y con la mochila llena del entusiasmo contagioso de aquella feliz Jornada Mundial de la Juventud, Panamá 2019, echamos a la mar de los medios digitales esta pequeña barca de la RCJ. Pero hoy tenemos que reconocer que en todo momento ha estado el Señor Jesús con nosotros. Sin su presencia, esta débil nave no hubiera adelantado más que unos pocos centímetros de la orilla.
El que nos llamó, fue el mismo que nos mandó “remar mar adentro” a pesar de las veces que nos hemos mostrado cansados o escépticos, a pesar de nuestras deficiencias y falta de fe: Él ha insistido con la misma potencia en su voz “echen las redes”…
“Señor, hemos estado bregando toda la noche y no hemos atrapado nada, hemos intentado de muchas maneras lanzar las redes, pero la pesca no ha sido como la esperábamos. El mar tantas veces ha estado revuelto, y a veces nuestros corazones también se han dejado poner turbios como ese mar.
“No obstante, en tu Palabra seguiremos echando las redes, porque la pesca no depende de nuestra virtud o habilidad, sino de tu misericordia infinita que busca instaurar entre nosotros el Reino del amor, de la verdad y la justicia. Todo depende de que Tú sigas apostando por nuestra débil humanidad, por nuestros medios humildes, para que se manifieste que esta obra no es nuestra, sino que está sustentada en Ti, el fundamento suficiente.
“Tu seguirás dándonos la fuerza para seguir extendiendo tu mensaje salvador. Tu nos harás audaces para seguir construyendo tu Reino aquí y ahora, en estas circunstancias, en esta realidad coyuntural que ha aparecido en nuestra historia para levantar los corazones más valientes. Danos los mismos sentimientos que inspiraste en el Apóstol de las Gentes, para que con él podamos repetir: “ay de mí si no anuncio el Evangelio”
Ay de mí si no soy Evangelio para los que no conocen a Cristo
Ay de mí si no soy esperanza para los que perdieron toda esperanza
Ay de mí si no soy caridad en medio de la crudeza de estos días
Ay de mí si no soy consuelo para los que lloran
- si no soy buena noticia frente a los agoreros del mal
- si no soy una interrogante de eternidad para aquellos que se ven sometidos a una lucha cotidiana por la subsistencia
Ay de mí si no soy compañía para los olvidados - si no soy redención para los cautivos
- si no soy iluminación para los ciegos
- si no soy voz para los silenciados
Ay de mí si no soy información para los que ignoran - si no soy verdad para los que yerran
- si no soy fortaleza para los que sufren
- si no soy amor para los que odian
Ay de mí si no soy paz para los que luchan - si no soy puente entre las orillas
- si no soy reconciliación entre mis hermanos
- si me olvido de mis valores y de mi historia
Ay de mí si no grito el amor de Dios con mi vida y mi testimonio.
Hoy, después de dos añitos de camino, podemos decir que la apuesta inicial permanece; que el Señor sigue siendo fiel a su promesa.
Presentamos al Señor Jesús nuestro deseo por seguir bregando en estos mares. Que su Espíritu siga avivando en nosotros el ardor misionero para seguir lanzado las redes sin desfallecer en medio de este hermoso pueblo. Presentamos al Señor esta humilde red, un poco maltrecha e imperfecta, pero con la misma disposición de seguir extendiendo sus cuerdas de comunicación, de fe y caridad, a todos los jóvenes cubanos. Presentamos al Señor esta humilde Red para que siga siendo un puente de hermandad entre los católicos cubanos de aquí y de allá. Pedimos al Dueño de la mies que siga levantando jóvenes entusiastas, apasionados por su Reino, que quieran “enredarse como nosotros con Jesucristo”, jóvenes que quieran asumir también estas palabras de San Pedro, que ya hemos hecho nuestras: “Señor, en tu palabra echaremos las redes”. Que así sea.
