Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, Obispo de esta diócesis de Pinar del Río y pastor de todos.
La cuaresma nos enseña a seguir a Cristo, que es nuestro camino, nuestro programa y nuestra ley.
El templo de Jerusalén era el lugar de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Sin embargo, los profetas insistieron incesantemente en que no bastaba acceder al templo y ofrecer sacrificios para ser agradables a los ojos de Dios. El Señor pide la obediencia y una vida moralmente recta y justa. Jesús, con su gesto, se injerta en esta tradición profética. Su gesto es un signo que prefigura y anuncia el gran signo de su muerte y resurrección, porque el lugar de la presencia de Dios es ya el cuerpo glorificado de Jesucristo.
El gesto profético de Jesús en relación con los mercaderes del Templo es una crítica contra el mercantilismo del culto judío. Anuncia un nuevo culto, en espíritu y en verdad, un templo nuevo, enteramente abierto a todos; no más holocaustos y sacrificios que los del corazón, los de la vida.
Las enseñanzas que Jesús nos quiere transmitir son claras y profundas: el templo es nuestro cuerpo y somos sagrados por ser hechos a su imagen y semejanza. Todo creyente en Cristo se convierte también en templo. Dios hace su morada en el que escucha su palabra y lo ama. Admirables consecuencias: Yo estoy siempre habitado por Dios, puedo abrirme a cada instante a su presencia, puedo estar en oración permanente, debo respetar siempre mi cuerpo. El culto que Dios quiere es el de mi amor y mi entrega, una existencia entregada como la de Jesucristo.
También los demás son templos de Dios y debo respetarlos y servirlos como a Dios mismo. No puedo permitir que esos templos sean profanados de algún modo o sean destruidos. Sabemos que, por desgracia, hay muchos mercaderes de templos humanos, muchos responsables de su destrucción. ¡Cuántos templos arruinados por el agobio y la depresión, por la impotencia ante los que se hacen sordos de los clamores de quienes piden a gritos ser escuchados!
Ante la pregunta: ¿Qué podemos hacer nosotros?, los cristianos respondemos: Mirar a Cristo y seguirle. Él es nuestro modelo, nuestro programa, nuestra ley. No basta con no hacer el mal, hay que hacer todo el bien que podamos.
¿Has pensado alguna vez que cuando recibes la eucaristía no sólo eres templo, sino que eres sagrario? Tienes a Dios físicamente en ti como lo tuvo la Santísima Virgen durante 9 meses en su vientre. En ese momento, el trono de Dios, el cielo, está en tu corazón. ¿Cuántos mercaderes de ruido hay en nuestro templo?
Pero, la lectura de hoy también nos invita a reflexionar sobre nuestra actitud al encontrarnos en el templo parroquial. A veces faltamos a él de forma involuntaria, pero es algo en lo que debemos de crecer todos. El templo es lugar de oración, por eso se nos invita a hacer silencio, es Casa de Dios y vamos a encontrarnos con Él, por eso nuestro vestuario debe ser adecuado con la situación, no es lugar de escándalos, ni de altas conversaciones. Pidamos a Dios que nos ayude a expresar nuestro respeto por el templo físico de cemento y piedra que es su casa, y el templo espiritual que somos todos.
Que la Virgen María nos acompañe, primer sagrario de la historia, nos enseñe a ser templos respetables para Dios.
