Mensaje de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, Obispo de Pinar del Río. 1 de abril 2021: Jueves Santo

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, Obispo de esta diócesis de Pinar del Río que ocupa los territorios de las provincias civiles de Pinar del Río y parte de Artemisa. Soy pastor de todos.

El Jueves Santo la Iglesia se acerca contemplativa y activa, al cenáculo donde se encuentran Jesús y los discípulos. Somos testigos de las mayores lecciones del Maestro. Contemplamos el Misterio de lo que acontece y recibimos el mandamiento de hacer de estos gestos nuestro proyecto de vida.

 El lavatorio es parte integrante de la Eucaristía. Es un signo de purificación. ¿Cómo podemos sentarnos a la mesa del Señor sin el traje y el perfume adecuados?

Era un signo de amor humilde y servicial. ¿Cómo podemos sentarnos a la mesa de la fraternidad queriendo estar por encima de los otros? El limpio pan de la Eucaristía encierra un dinamismo de solidaridad y comunión, de sentido y entrega.

Jesús, que preside la comida, cuyos preparativos ha ordenado personalmente, y es quien pronuncia la bendición y quien parte el pan, enseña, pues, con autoridad una manera de ser: da ejemplo asumiendo la función del servidor, al mismo tiempo que sigue siendo “Maestro y Señor”.

El Jueves Santo es el día en que más se ha amado, un amor que traspasa el espacio y el tiempo y que llega hasta aquí, como el eco de una inmensa explosión. Hoy queremos actualizar y dejarnos alcanzar por la fuerza de este amor misterioso, explosivo y expansivo, amor de ágape.

Todo el amor de Cristo se significa y se concentra en la Eucaristía. Cristo, compadecido por el hombre, se ofrece como alimento y medicina para el camino.

En la mesa de la Eucaristía confraternizamos todos. Al partir el pan nos solidarizamos. Sentarse a la mesa con Cristo es signo de amistad.

El lavatorio es un complemento de la Eucaristía. Quien comulga debe estar dispuesto a servir en las mesas, a lavar heridas, a cuidar enfermos, a combatir injusticias. Quien se sienta a la mesa eucarística debe comprometerse a trabajar para que todos puedan sentarse a la mesa de la creación.

En el pan partido y en la copa derramada se significan la entrega del amor más grande. Un pan que se parte para dejarse comer y dar vida, así es el cuerpo de Cristo. Una copa de vino que se ofrece en bebida, así es la sangre de Cristo.

La Eucaristía nos habla elocuentemente de un amor generoso y sacrificado hasta el fin.

Ella es la permanencia del amor de Dios entre nosotros. “Cristo está aquí… hasta que vuelva”. El banquete eucarístico nos hace pregustar el banquete del Reino, donde nos saciaremos de Dios en plenitud.

Aprendamos la lección del amor. Amémonos unos a otros con la misma intensidad con que Cristo nos ha amado.

En estos tiempos tan difíciles y con tantas carencias económicas y sanitarias a causa del Covid- 19, no nos dejemos vencer por estas limitaciones y optemos por los gestos concretos de solidaridad que podemos tener unos con otros. Seamos pan partido para alimentar el alma de nuestros hermanos en medio de la triste realidad que vivimos actualmente.

Al rato de celebrar la Última Cena, Jesús se retira al Huerto de los Olivos a orar por última vez antes de ser entregado. Tengamos un espacio en nuestra jornada para acompañar a Jesús sin prisa. Dediquemos un tiempo aunque sólo sea para “estar”, en silencio, pero sintiendo su presencia. Este día hemos escuchado palabras divinas. Que María de la Caridad nos ayude a guardarlas en el corazón.

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