Mensaje de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, Obispo de Pinar del Río. Domingo 18 de abril de 2021, III de Pascua

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, Obispo de esta diócesis de Pinar del Río que ocupa los territorios de las provincias civiles de Pinar del Río y parte de Artemisa. Soy pastor de todos.

Nuevamente Jesús se aparece a la comunidad de discípulos reunida, y en medio de ellos les saluda deseándoles la paz. Paz en los corazones que vivían el temor todavía latente del Viernes Santo. El miedo expresa la negatividad humana, la falta de libertad y confianza. Y con el miedo, la duda, la tristeza, la soledad. Son piedras tremendas que oprimen el corazón humano, anunciadoras de muerte. Pero las cosas cambiaron desde que Jesús empezó a dar pruebas de su presencia resucitada. Él se va manifestando progresivamente con palabras y con gestos. Entre éstos, las más decisivas son las llagas- “miren mis manos y mis pies”- , y la comida, sobre todo el partir el pan.

El texto que acabamos de escuchar es continuación del relato de los discípulos de Emaús. Jesús se aparece en la escena cuando los discípulos habían regresado y comentaban con los demás que habían visto al Maestro. Todos los discípulos estaban siendo cautivados por el relato. Asentían y entendían.

En esta conversación estremecida se encontraban cuando Jesús se presentó en medio de ellos y la estancia se llenó de luz. No era magia, no eran fuegos artificiales, él estaba allí y repetía su saludo: “Paz a ustedes”.

Este encuentro fue una clase de cristología, con argumentos en las Sagradas Escrituras. Los discípulos tomaron buena nota, porque la lección era difícil de entender.

Aparentemente ellos no habían captado en profundidad todo lo que durante tres años de vida pública habían experimentado.

La visita termina recordándoles su condición de apóstoles. Serán enviados a predicar la conversión y el perdón de los pecados, la misericordia de Dios, la vida nueva, la efusión del Espíritu, la Pascua interminable. Ellos serían los testigos cualificados.

Nosotros también estamos en este grupo de enviados y muchas veces corremos el riesgo de creer que esas palabras no van con nosotros, o nos metemos tanto en lo que hacemos que vamos perdiendo el sentido de lo que nos mueve a realizarlo.

¿Quién es Jesús para nosotros? ¿Qué imagen nos hemos hecho de Él? Muchas veces esperamos eventos sobrenaturales para reconocerlo, otras, a pesar de los eventos, continuamos esperando que venga directamente y se nos presente. Pero esa no es la forma frecuente de Dios revelarse. A él lo encontramos en las cosas sencillas, cotidianas, en la brisa suave, ahí está Dios, esperando por ti y por mí, porque cada día es ocasión para encontrarlo.

El mundo necesita de testigos de Cristo vivo. Necesita conocer su mensaje, y aprender a descubrirlo. Tú y yo tenemos necesidad de Dios, diariamente; para poder continuar tenemos que llenarnos de Dios, adherirnos a su mensaje, sólo desde Dios encontramos las herramientas para avanzar. Para ello, los cristianos debemos ser conscientes de que el mundo espera el mensaje que nosotros le podemos ofrecer.

Hoy los invito a que nos detengamos un momento a reflexionar qué motiva mi compromiso con la Iglesia. ¿Soy testigo de Cristo Resucitado en medio del mundo donde vivo? ¿O me he confundido de prioridad y trato de anunciarme yo mismo en lugar de ser sólo portador del mensaje? Sea cual sea nuestra respuesta, pidamos a Dios la gracia de anunciarlo siempre a Él, movidos por el amor a Él, de forma tal que Dios siempre pueda contar con nuestro Sí.

Damos gracias a Dios por todos aquellos que han sido comunicadores de Cristo Resucitado, que han escuchado la llamada y se han puesto en camino para que sus hermanos conozcan Quien da sentido a su existencia. Pidamos al Espíritu Santo que continúe sembrando el fuego de su amor en el corazón de cada bautizado, para que reconozcan a Cristo como centro de sus vidas y no puedan dejar de anunciarlo a tiempo y a destiempo.

Que María de la Caridad, modelo de entrega radical a Dios, nos ilumine y fortalezca.

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