Mensaje de Monseñor Juan de Dios Hernández, sj, Obispo de Pinar del Río. 30 de mayo de 2021, Santísima Trinidad

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, Obispo de esta diócesis de Pinar del Río que ocupa los territorios de las provincias civiles de Pinar del Río y parte de Artemisa. Soy pastor de todos.

Hoy la Iglesia Universal celebra la Solemnidad Litúrgica de la Santísima Trinidad: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, tres personas en un solo Dios verdadero.

“El Papa Francisco en 2013 al explicar a unos niños las tres personas de la Santísima Trinidad les dijo que “el Padre crea el mundo, Jesús nos salva ¿y el Espíritu Santo qué hace? Nos ama, nos da el amor”.

El misterio de la Trinidad no se puede entender precisamente porque es un misterio, Santa Juana de Arco afirmaba que “Dios es tan grande que supera nuestra ciencia”, por tanto supera el entendimiento humano.

En una oportunidad San Agustín caminaba por la playa cuando observó a un niño que hacía un hoyo en la arena, y el santo le preguntó qué intentaba hacer, el niño le dijo que pensaba meter toda el agua del mar en ese hoyo. San Agustín, admirado, le dijo: “pero ¡¿no te das cuenta que es imposible?!”, el niño le contestó que “es más posible meter toda el agua del mar en este agujero que intentar meter el misterio de la Trinidad en tu cabeza”.

El santo irlandés, San Patricio, para explicar este misterio lo comparaba con una hoja de trébol. Decía que cada hoja es diferente, pero las tres forman el trébol, y que lo mismo pasa con Dios donde cada persona es Dios y forman la Santísima Trinidad.”

Pero entender el misterio no es lo más importante, porque de hecho si lo entendiéramos dejaría de ser misterio y la sabiduría humana tiene límites, precisamente para recordarnos que somos hombres y no dioses.

Sin embargo, debemos abandonarnos en el misterio, confiar en él. No les pide que depositemos nuestra confianza en cualquier cosa. Muchos de los problemas que vivimos son consecuencia de confiar en personas o cosas que no lo merecen. Yo los invito a abandonarnos en el misterio de Dios, en su amor que lo inunda todo y lo trasciende todo.

Pero la Trinidad no es solo para creerla, sino para creerla, sino para practicarla y para vivirla. Estamos hechos a imagen y semejanza de la Trinidad, nuestra marca es profunda, llega al núcleo de nuestro ser y nuestra personalidad, se enraíza en nuestra constitución. El hombre está hecho a la manera que tiende con toda fuerza a vivir su relación. El hombre será más humano y más persona en la medida en que se abre, comunica, dialoga, comparte, ama. El hombre no se crea a sí mismo y se realiza para sí mismo. Depende de muchas personas y circunstancias amorosas, y se perfecciona cuando vive para los demás.

Este es un proceso largo y difícil. Practicar la Trinidad es multiplicar acciones que hacen comunidad. Por eso las imágenes que más definen la Trinidad son aquellas en las que brillan los valores divinos, como la amistad, la familia, el grupo, la comunidad parroquial. Esto exige que las personas alcancen un grado notable de libertad y dignidad, que respeten y estimen al otro, sea quien sea, y de la condición que sea, que aprendan a dialogar, a compartir y a servir.

Entonces, cuando trabajas por la dignidad de los hombres y la sociedad, cuando te esfuerzas por dar a todos la palabra de ánimo y a la vez escuchar lo que tienen que decir, cuando tu vida está marcada por la solidaridad, eres imagen Trinitaria e instrumento en manos de la Santísima Trinidad.

Que María de la Caridad nos acompañe siempre.

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