Por Ana Margarita Pérez Salceda*
Los seres humanos somos personas muy especiales, cuando Dios creó al hombre y a la mujer, la creación se hizo perfecta. Ambos, hombre y mujer, tan distintos y únicos, Dios los convierte en seres verdaderamente genuinos. En este texto quiero hacer énfasis en un grupo de personas específicas, tal es el caso de las personas con discapacidad.
Son personas con discapacidad aquellas tienen deficiencias físicas, mentales, intelectuales, o sensoriales a largo plazo, que al interactuar con diferentes barreras, pueden impedir su participación plena y efectiva en la sociedad en igualdad de condiciones con los demás.
Nuestra sociedad cubana integra un gran número de personas con discapacidades, sería muy importante y necesario detenernos a pensar ¿Qué podemos ofrecerles?
Es necesario garantizarles una mayor participación en roles y actividades de la vida que son socialmente previstos, ser estudiante, trabajador, amigo, pareja, esposo, esposa. Utilizar recursos públicos como el transporte, bibliotecas, recibir atención médica adecuada, relacionarse con otras personas y disfrutar de otras actividades del día a día.
Mi invitación como joven coordinadora del Programa Aprendiendo a Crecer de Cáritas Holguín, es hacer un llamado a la inclusión de personas con discapacidad, ofreciéndoles oportunidades de participación en todos los aspectos de la vida, al máximo de sus capacidades y deseos. Para ello es ineludible convocar un voluntariado joven en nuestras comunidades, incentivar el trabajo para con estas personas y depositar nuestras miradas en ellos, así como también la motivación de hacerles crecer.
La Iglesia necesita la entera disposición de jóvenes que digan “Sí” a este llamado de sensibilidad, delicadeza del alma y ternura de corazón. Que al dedicar parte de nuestro tiempo a estos seres humanos, sea parte del compromiso de hacer el bien común, y como dijera San Ignacio de Loyola “En todo amar y servir”.
*Parroquia San José de la Diócesis de Holguín
