Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, Obispo de Pinar del Río. Domingo XI del Tiempo Ordinario, 13 de junio de 2021

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, Obispo de la diócesis de Pinar del Río que ocupa los territorios de las provincias civiles de Pinar del Río y parte de Artemisa. Soy y me siento pastor de todos.

El evangelio de hoy está formado por dos parábolas muy breves: la semilla que germina y crece por sí, y la del grano de mostaza.

Jesús enseña a través de las parábolas, es decir, de historias cortas que le facilitaban a la gente que lo escuchaba, entender el mensaje que Él quería transmitir. A través de estas imágenes, Jesús presenta la eficacia de la palabra de Dios y las exigencias de su Reino, mostrando las razones de nuestra esperanza y de nuestro empeño en la historia.

Son dos parábolas sobre el anuncio del Evangelio donde siempre habrá buena cosecha, aun cuando muchas semillas no lleguen a dar fruto. El reino de Dios crece en silencio, pero con mucha fuerza.

En el lenguaje evangélico, la semilla es símbolo de la palabra de Dios, cuya fecundidad es invocada por esta parábola. Como la humilde semilla se desarrolla en la tierra, así también la Palabra obra con la potencia de Dios en el corazón de quien la escucha. Dios ha confiado su Palabra a nuestra tierra, o sea a cada uno de nosotros, con nuestra concreta humanidad.

Aquí se trata de la confianza que debemos tener en el trabajo que Dios ha comenzado. Todo llegará a su tiempo y no hay que preocuparse por los resultados que todavía no aparecen si se está seguro del espíritu con que se tomaron las decisiones.

En todas las épocas los hombres se impacientan. Muchas veces nos desanimamos porque vemos que ese cambio que queremos y por el que pedimos no acaba de ocurrir, o esa persona que deseamos que se convierta, continúa dando señales de indiferencia, o aquello que creemos necesitar tan urgentemente, no pasa; y nuestra fe se va debilitando, llegamos hasta a cuestionar a Dios y reprocharle por su aparente falta de actuación.

Ante ello, Jesús nos contesta hoy: “Ahora mismo están actuando las fuerzas invisibles que hacen madurar al mundo y que llevan adelante el Reino”

Sepamos descubrir los comienzos humildes de la obra de Dios: el encuentro de algunas personas de buena voluntad para solucionar un problema comunitario; un gesto fraterno en un ambiente cerrado; un primer esfuerzo para sonreír a la vida  después de una decepción… La semilla crece, y la persona que recibió la Palabra se siente más segura en el camino por el que Dios la conduce.

La vida interior, en un principio, es como una pequeña semilla, posteriormente, dentro de nuestro corazón, crece tanto que llena todo el corazón. Es como el amor que da verdadera felicidad, es tan pequeño al inicio que hay que irlo cultivando para que crezca y se fortalezca. Poco a poco éste se hace más fuerte hasta que se mantiene en pie por sí solo, pero sigue siendo frágil, porque cualquier hachazo puede derribarlo, por lo tanto necesita un cuidado continuo.

Esto es lo que hay que hacer con la vida interior, cuidarla constantemente: a través de la oración, la lectura de la Biblia, la participación en los sacramentos de la Iglesia, las obras de caridad, etc. Como ramas vivas de la Iglesia, busquemos sostener a otros con nuestra oración y testimonio de vida cristiana coherente.

Que María de la Caridad nos acompañe y anime en esta misión.

Deja un comentario