Hermanos,
Vamos a comenzar este día releyendo la oración que hacemos al principio de la Misa. Ésta se denomina “oración colecta” porque recoge todo lo que le conviene al pueblo de Dios, lo que pedimos a Dios en ese día para todo el pueblo. Colectamos todas las oraciones, se la elevamos a Dios, y decimos, Señor esto es lo que te pedimos. La oración colecta de hoy dice así: “Señor, Tú que iluminas a los extraviados con la luz de tu Evangelio, para que volvamos al camino de la verdad”, para eso escuchamos la palabra de Dios, no que entre por un oído y salga por el otro, sino para que nos encamine por el camino de la verdad. Y ahora viene lo que nosotros queremos, esa es la invocación, ¿Qué pedimos hoy?, “concédenos a cuántos nos llamamos cristianos, imitar fielmente a Cristo y rechazar lo que pueda alejarnos de Él”.
¡Qué sencillo! Qué sencillo y qué difícil es muchas veces. Nosotros que nos llamamos y somos cristianos, pero qué difícil es imitar fielmente a Cristo, no podemos. Es la invitación, sean santos como nuestro Padre Celestial es Santo; pero hay que tratar de ser buenos, santos, perfectos, pero para eso hay que rechazar todo lo que pueda alejarnos de Él.
Y como nosotros sabemos que en nuestra vida hay veces que nos llenamos de cosas, de actitudes, de historias que nos han alejado de Dios en algún momento, o que nos han impedido acercarnos a Él, y que nos cuesta dejaras muchas veces. Entonces, le estamos pidiendo a Dios que nosotros seamos fieles, porque somos cristianos y hay que ser coherentes, pero que nos dé la fuerza, el deseo, la sabiduría, de nosotros rechazar todo aquello que nos aleja de Dios. Y esto no es una ley, en el sentido de que a todo el mundo le toca por igual. Cada uno de nosotros sabe, qué cosas tiene que rechazar para poder encontrarse con Dios, lo cual significa, que tenemos que hacer un esfuerzo en nuestro interior para decir Señor, ¿qué tengo que rechazar? ¿qué me aparta de ti? ¿dime qué estoy haciendo que no debo?
Bien hermanos. Después de esto, vamos entonces a ver a Amós y a los discípulos.
Amós fue aquel profeta que era un cultivador, un pequeño campesino, tenía una finquita. Sembraba higos, tenía unos bueyes, vivía en Judá, y de momento siente que el Señor lo llama y le dice: “Vete a Israel a predicar”. El pueblo de Dios se había dividido en dos reinos, el sur y el norte. El Reino del Norte, era un reino que tenía fama de que se había apartado de Dios, porque se había mezclado con otras creencias, con otras cosas, se había dejado llevar por el ambiente. Lo que nos pasa a nosotros ahora, que nos dejamos llevar por el mundo, y hay veces que justificamos todas esas cosas. No era que el Reino de Judá fueran santos, pero Israel tenía esa costumbre y Amós fue a predicar. Y, ¿qué cosa le dice Amós? “Señor ¿tú me mandas allá?, yo no soy profeta ni hijo de profeta, soy un pastor, un cultivador de higos”. Cualquiera de nosotros puede decir eso, yo y ustedes podemos decir eso, “Señor ¿tú a mí me escogiste para ser hijo tuyo? ¿quién soy yo?” ¿Qué le responde el Señor? Dice él que siente que el Señor le dijo, “Ve y profetiza a mi pueblo de Israel”. Por lo tanto, eso significa que hoy también a nosotros el Señor nos dice, no temas que tú seas un cultivador de higos, no temas que hayas sido una persona como Pablo que persiguió a los cristianos, no temas porque tú no entendiste bien el Evangelio, no temas… y así tantas cosas. ¿Por qué? Porque el Señor te llama, y Él te da fuerzas si Él te ha llamado.
Si nosotros de ahí pasamos al Evangelio, exactamente igual. El Señor les dice a los discípulos, vayan, prediquen, enseñen. ¿Quiénes eran ellos? Pescadores, pero ustedes pueden, vayan en mi nombre. Hermanos, esto el Señor nos lo dice a todos nosotros.
Viene entonces la segunda lectura, que yo les recomiendo a todos que la leamos en nuestras casas. Es de la carta a los Efesios, el capítulo 1, el inicio hasta el 14. Entonces nosotros vemos por qué vale la pena separarnos de las cosas que nos apartan de Dios. Si nosotros la leemos con detenimiento vamos a ver una serie de verbos, acciones, que nos dicen qué nosotros adquirimos si seguimos a Dios.
Así hermanos, podemos seguir, porque todas esas son bendiciones, y si nosotros sabemos esto. Entonces esto nos motiva a apartar todo aquello que nos separa de Dios y a tratar de ser fieles cristianos, como decimos y somos.
Que Dios nos ayude a todos a vivir así, y seamos testimonio de muchas otras personas que a lo mejor ustedes ni yo nos enteramos, pero que también necesitan y que crecen y se sienten satisfechos cuando encuentran un cristiano dando testimonio.
Que el Señor nos ayude.
