Mensaje de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, Obispo de Pinar del Río. XV Domingo del Tiempo Ordinario, 11 de julio de 2021

Queridos hijos e hijas, como saben, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, Obispo de esta diócesis de Pinar del Río que ocupa los territorios de las provincias civiles de Pinar del Río y parte de Artemisa. Soy y me siento pastor de todos.

Este pasaje que acabamos de escuchar habla de llamada, de elección y de envío. Jesús, que llama y elige, también envía. Pero no envía a sus discípulos de cualquier manera. Para prolongar su misión deberán tener también su mismo estilo de vida. De lo contrario, harán muchas cosas y realizarán proyectos, pero no introducirán en el mundo su Espíritu. Las instrucciones para el camino pueden resumirse en tres palabras: confianza, desapego y servicio.

Este evangelio nos invita a revisar desde dónde y cómo anunciamos hoy la Buena Noticia de Jesús. Aunque nos sabemos elegidos, llamados y enviados, con cierta frecuencia nos sorprendemos a nosotros mismos con actitudes y comportamientos que no son los de un evangelizador. Como recuerda el mensaje final de la Conferencia de Aparecida, Brasil: “Jesús invita a todos a participar de su misión. ¡Que nadie se quede de brazos cruzados! Ser misionero es ser anunciador de Jesucristo con creatividad y audacia en todos los lugares donde el Evangelio ha sido suficientemente anunciado o acogido, en especial en los ambientes difíciles y olvidados y más allá de nuestras fronteras”.

Muchas veces creemos que la misión hay que desarrollarla sobre grandes proyectos o programas. La imaginamos con miles de estrategias buscando que las personas se conviertan en base a nuestros argumentos. Hoy el Señor nos recuerda que “en la lógica del Evangelio no se convence con argumentos y estrategias”, sino simplemente con el testimonio y la transparencia en el corazón.

Estamos llamados a vivir la hospitalidad, el papa Francisco nos recuerda en una de sus homilías: “La Iglesia es madre de corazón abierto que sabe acoger, recibir, especialmente a quien tiene necesidad de mayor cuidado, que está en mayor dificultad. La Iglesia, como quería Jesús, es la casa de la hospitalidad. Y cuánto bien podemos hacer si nos animamos a aprender este lenguaje […] de recibir, de acoger. Cuántas heridas, cuánta desesperanza se puede curar en un hogar donde uno se pueda sentir recibido. Para eso hay que tener las puertas abiertas, sobre todo las puertas del corazón. […] Hay que practicar la hospitalidad con el que no piensa como nosotros, con el que no tiene fe o la ha perdido, y a veces, por culpa nuestra. Con el perseguido o el desempleado; con las culturas diferentes. Hospitalidad con el pecador, porque cada uno de nosotros también lo es”.

La llamada de Cristo a la fe no es una llamada estática, es una llamada a conocerlo cada vez más para transmitirlo mejor. Ser cristiano no significa sólo vivir según los mandamientos de Cristo, significa además ser misionero para transmitir a los hombres su mensaje, que es un mensaje de paz.

Desde tu familia tienes también la misión de anunciar el Evangelio. Sé el reflejo del amor de Dios en medio de quienes te rodean. Mantén las puertas de tu hogar abiertos para acoger a aquel que se marchó y hoy quiere regresar. Dar una nueva oportunidad cada día al perdón y al reencuentro es una buena manera de comenzar a evangelizar.

Que María de la Caridad nos acompañe siempre.

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