Queridos hijos e hijas, como saben, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, Obispo de esta diócesis de Pinar del Río que ocupa los territorios de las provincias civiles de Pinar del Río y parte de Artemisa. Soy y me siento pastor de todos.
El Evangelio que acabamos de escuchar nos llama la atención sobre la actitud de Jesús y los apóstoles. Ellos regresaban cansados de la misión, pero con la alegría grande de la experiencia vivida. Necesitaban descansar y a la vez hacer un recuento de sus experiencias. Porque Jesús no los instruye solo con la palabra, sino que los forma ayudándoles a reflexionar sobre lo que hicieron y lo que vieron.
Cristo lleno de comprensión quiere darles un poco de alivio. Entonces se separan de la multitud que seguía a Jesús y van a un lugar apartado para que puedan reposarse un poco. «Pero la gente vio cómo se iban, y muchos cayeron en la cuenta y se dirigieron allá a pie”.
Y a este punto el evangelista nos ofrece una imagen de Jesús de particular intensidad, ‘fotografiando’ por así decir sus ojos y recogiendo los sentimientos de su corazón. Dice así el evangelista: “Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato”.
El Antiguo Testamento manifestaba la compasión de Dios Padre, por su pueblo, pero hasta que no viniese a compartirlo todo con nosotros, faltaba algo. Ahora Dios ya no habla desde arriba, sino que se hace pobre entre los pobres en la persona de Jesús, comulgando con su vida, sus sufrimientos y su esperanza.
“Estaban como ovejas sin pastor”. Esta gente no ha encontrado todavía la comunidad verdadera y Jesús les tiene lástima.
Termina el texto de hoy, diciendo que Jesús se puso a enseñarles largamente. ¿Qué les decía Jesús? Todo lo que se llama Evangelio, es decir, la Buena Noticia del Reino de Dios. Jesús penetraba en las conciencias y mostraba a cada cual dónde estaba su verdadero problema. Los veía abrumados por las dificultades, pero les levantaba el ánimo mostrándoles signos de esperanza.
En cualquier situación hay algo que podemos hacer para levantarnos. Y, antes de que empecemos, ya ha dispuesto Dios algunos signos de que no nos abandona y que debemos confiar totalmente en él.
Estos últimos días hemos vivido situaciones muy difíciles. No perdamos la fe. Pidamos a Dios, que nos mire con compasión y que desde lo más profundo de nuestro ser, sintamos la necesidad de buscarlo siempre.
Que María de la Caridad nos ayude a mantener viva la llama de la esperanza.
