Mensaje de Monseñor Dionisio Guillermo García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba. XVIII Domingo del Tiempo Ordinario, 1 de agosto de 2021

Hermanos,

Vamos a comenzar el comentario de las lecturas de hoy recordando el final del Evangelio del domingo pasado. Recordemos que Jesús había dado de comer a una multitud, cerca de cinco mil hombres, así que había muchos más; de cinco panes y dos peces; la multiplicación de los panes y los peces. Al compartir también se hace el milagro de la multiplicación. Pero el final del Evangelio era que la gente, como Jesús le había dado de comer, querían hacerlo rey. Porque se fijaban en aquello de: me satisfizo esta necesidad primaria elemental, pero material; y por lo tanto ése es el rey. Fíjense que Jesús no lo prometió, porque hay veces que se promete y seguimos detrás del que promete; no, Jesús dio de comer, y la gente dijo a ése hay que hacerlo rey. Hay veces que hacemos rey a gente que promete y después no se cumple.

Entonces Jesús se va, no quiero ser rey, es otra cosa; no viene a ser rey; sino a hacer presente a Dios y al amor de Dios, a decirles que todos los hombres son hermanos, que la vida no termina con la muerte aquí en la tierra, como desgraciadamente estamos viendo en personas que tal vez pensaban vivir mucho tiempo y la vida les ha sido truncada por las situaciones que vivimos. Él viene a darnos vida eterna.

Las lecturas de hoy van en esa misma línea. En la primera lectura vemos el pasaje del maná del libro del Éxodo; el pueblo de Israel que había sido salvado por Dios de la opresión del faraón, vivía lamentándose de la tiranía que tenía sobre él. Decía el Señor a Moisés, “he oído el clamor de mi pueblo, mi pueblo debe ser liberado para que también rinda culto al verdadero Dios”. Entonces nosotros sabemos todo lo ocurrido en el paso del mar Rojo, el éxodo. El pueblo está en el desierto, pero este pueblo se parecía mucho al de Jesús, porque siempre somos iguales, somos personas humanas y en cualquier época, el pecado está metido dentro de nosotros y nos dejamos llevar por cualquiera que nos pinta un cuento, o por cualquier pasión o deseo, ordenado o desordenado que tengamos.

Este pueblo había llega al desierto con trabajo, había que conquistar la libertad y el culto al verdadero Dios… pero no querían pasar trabajo, sino que se les diera. Entonces de quejan, son palabras tremendas, “hubiéramos preferido estar aplastados en Egipto, pero comiendo y llenándonos la panza y no en el desierto ahora”. Es decir, sacrificaban los valores espirituales, que son los que diferencian al hombre del resto de los animales, con tal de estar “llenos”. Entonces Dios les dice, “yo no los abandono”. Y les dio el maná y las codornices. Así en el paso por el desierto, esta situación ocurre varias veces, cuando las serpientes que matan a la gente, “ay hubiéramos preferido irnos y no morir en el desierto, así en lo aislado, apartados del mundo, picados por serpientes…Dios estaba ahí, buscando el bien, hay que acudir a Él.

Viene este pasaje del Evangelio de san Juan, que es continuación del anterior. A Jesús querían hacerlo rey y Él se va. La gente se entera que Jesús se fue, pero la gente dice, hay que buscar a ese rey que nos da comida, a ése hay que buscarlo. Y entonces viene toda esta conversación: “no trabajen por el alimento que perece sino por el alimento que perdura hasta la vida eterna, que ese solamente se los puede dar el hijo de Dios”.Hay que preocuparse de todo en la vida, de las cosas inmediatas mejor, por eso las situaciones se ponen malas muchas veces, ¿por qué? porque ni lo inmediato muchas veces tenemos. Hay que luchar por los bienes mayores, la libertad es solamente para hacer el bien. Y el Señor les dice, “si quieren luchar van a tener un Salvador”,que es Jesús. Entonces, Él se presenta aquí.

Él les va a dar el verdadero pan del cielo, porque el pan del cielo: Jesús, es el que le da la vida al mundo. Y la gente le dijo, “danos siempre de ese pan Señor”. Ojalá que nosotros también hoy, en esta semana todos digamos, Señor danos de ese pan. ¿Dónde está ese pan? En la palabra de Dios, pan de vida. ¿Dónde está ese pan? En la Eucaristía, Cristo que se hace presente y lo recibimos. ¿Dónde está ese pan? Donde se hace el bien. Ese es pan de Dios, Dios está presente, el Espíritu está presente.

Buscar aquello que renueve nuestra mente y nuestro espíritu para tomar a Cristo como el hombre nuevo, el hombre que nos lleva precisamente a vivir eternamente junto al Padre, junto a Dios.

Que Dios nos ayude a todos a vivir así.

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