Mensaje de Monseñor Dionisio Guillermo García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba. XX domingo del Tiempo Ordinario, Fiesta de la Asunción de la Virgen María, 15 de agosto de 2021

Hermanos,

Hoy 15 de agosto es una fiesta grande, que toda la cristiandad la celebra, los católicos y los ortodoxos. El Espíritu Santo ha iluminado a la iglesia precisamente para descubrir las maravillas que Dios hizo en la que sería la Madre de su Hijo Jesús, que la colmó de tantos dones que hizo posible, entre uno de esos dones, el de la Asunción, esta fiesta que estamos celebrando. La Virgen de la Caridad del Cobre (le llamamos “del Cobre” porque aquí está su Santuario y lleva más de 400 aquí); además el nombre “de la Caridad” que es el amor, es la Madre del amor. Por lo tanto, es una cualidad y es un sitio. Así la Virgen de Lourdes en Lourdes; la de Guadalupe, ese título que recibió de Patrona de México y de América… Cada lugar le va dando un título a la Virgen que no es más que reconocer su grandeza.

¿Dónde reside la grandeza de la Virgen? En hacer la voluntad de Dios Padre. Esa es la grandeza de la Virgen. Bonita, fea, alta, baja, joven, vieja, inteligente o no… su grandeza es hacer la voluntad de Dios, por eso es que todos nosotros somos grandes en la medida que hagamos la voluntad de Dios. Recordemos el pasaje de la Biblia que dice: “bienaventurados aquellos que hacen la voluntad de mi padre, ésos son mi padre, mis hermanos, mi madre”; Jesús precisamente estaba diciendo que somos grandes y bienaventurados en la medida que somos como María, la primera cristiana que supo dar ejemplo.

¿Qué significa el dogma de la Asunción de la Virgen? Si la caridad es el amor, Dios es amor, ella es la Madre del Amor; pues la Asunción de la Virgen es que nosotros creemos que precisamente por esos dones con los que Dios rodeó a la Virgen y que ella libremente aceptó recibir y hacer la voluntad de Dios, el Señor la preservó de la corrupción y asumió a su Madre en el cielo en cuerpo y alma. Dios la llevó, la elevó, la asumió para que esté junto a Él en la Gloria definitivamente. ¿Nosotros qué hacemos? Esperamos ese momento también, esperamos después de nuestra muerte, esperamos el final de los tiempos para estar en cuerpo y alma junto al Señor. Eso es lo que nos dice la fe la Iglesia.

¿Por qué sabemos esto? Sabemos esto, precisamente, por aquella promesa que el Señor le hizo a su iglesia, “yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos”, siempre; yo los acompañaré, para que sepan escudriñar la palabra de Dios y sacarle el mayor provecho a esa Palabra de Dios. ¿Cómo nosotros hemos descubierto, o sabemos, o el Espíritu Santo nos ha iluminado con esta verdad? Lo sabemos porque Cristo es el único revelador del Padre.

La iglesia recibió esa experiencia, ese conocimiento de los Apóstoles y con el Espíritu Santo, la Iglesia fue viviendo y orando esa fe. Hay un solo Dios que tiene tres personas, Jesucristo es mi Salvador, muere en la cruz por nosotros, María es la Madre de Jesús, María concibió al Señor siendo Virgen, el Señor muere en la cruz para salvarnos, Él es el perfecto reconciliador. Esas cosas, ¿cómo las conocemos? Lo dice la Palabra de Dios, pero también se viven y se oran en la Iglesia, y por eso es que la Iglesia tiene esa gracia del Señor, ese poder del Señor para también sacarle, escudriñar las Escrituras para nuestro beneficio. ¿Y qué mayor beneficio para nosotros saber que ya la Virgen se nos ha adelantado? Ya la Virgen está en cuerpo y alma en el cielo, y que el camino es hacer la voluntad de Dios, ser humilde como fue ella. Ése es el camino.

El dogma de la Asunción de la Virgen que fue proclamado por Pio XII en el año 1950. Fíjense bien casi veinte siglos después de la venida del Mesías. Pero, ¿cómo lo sabemos? La Iglesia lo iba viviendo, no estaba escrito, pero la Iglesia lo oraba y lo creía, y lo celebraba. Ahí también Dios se revela, en la vida de la Iglesia; vida de la Iglesia que se va realizando, que se va concretando en la unidad de la iglesia, se va concretando en los pastores, se va concretando en el pueblo fiel que, al creerlo, celebrarlo y orarlo, ya está dando su consentimiento, expresando su fe. Y llega en que el Magisterio de la Iglesia, dice, es una verdad revelada, el Señor Jesús, Dios Padre, asumió a la Virgen y la llevó a los cielos.

Fíjense bien hermanos, aunque estamos hablando de la Virgen, todas las lecturas, todas, se refieren a Jesucristo. Todo lo que la Virgen recibe, no es porque ella es poderosa, no; ella puede ser poderosa en cuanto está cercana a su Hijo, pero el poder lo tiene su Hijo.

Hermanos recuperemos el camino. Vamos a dejarnos llevar por estas escrituras, vamos a dejarnos llevar por los que nos enseña la fe de la Iglesia, ella ya está en la Gloria en cuerpo y alma, yo también estaré en la Gloria en cuerpo y alma. ¿Qué mayor mérito? Más mérito que ganar una medalla olímpica, que con el tiempo se pierden las habilidades y solamente queda el recuerdo; ahora que estamos hablando de las olimpiadas. ¿Qué más mérito? Gobernar un país con mucha bondad o con mucha tiranía, y al final qué queda, el tiempo pasa y la gente se olvida, ni se acuerda de eso. La Gloria que todos nosotros esperamos es estar junto a Dios en cuerpo y alma.

Que Dios nos ayude a todos a vivir así.

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