Mansaje de Mons. Dionisio Guillermo García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba. Domingo 12 de septiembre de 2021

Hermanos,

Tantas maravillas que hemos recibido en la vida, no hay nadie en el mundo que todo lo que haya tenido sea nefasto. No, al contrario, si nosotros buscamos, descubrimos tantas muestras de amor que hemos tenido. Nosotros tenemos que buscar esas muestras de amor que están en nosotros y que vienen de Dios. ¡Señor que experimentemos tu amor! Hay veces que somos amados y sin embargo nosotros estamos mirando para otro lado, y no nos damos cuenta de que hay gente que nos ama.

Hemos que experimentemos vivamente su amor para que podamos servirle, con todas nuestras fuerzas. Claro está, si yo no experimento el amor de otra persona hacia mí, pues yo no le respondo, no con reciprocidad. Pero si yo experimento su amor, enseguida Él responde, y eso es lo que estamos diciendo. Señor, que experimentemos tu amor para yo servirte con todas nuestras fuerzas. Hermanos, recordemos que Dios está ahí, tenemos que buscarlo, y si lo buscamos, nosotros vamos a descubrir el amor que Él nos tiene, y entonces vamos a tener mayor disposición para servirle con todas nuestras fuerzas, pero hay que buscar el amor de Dios, hay que vivirlo, hay que experimentarlo.

Los Santos, que uno ve que se entregan a las labores más increíbles. San Damián de Molokai allá en Oceanía, que se entrega a atender a los leprosos hasta que él mismo cayó leproso y murió. ¿Por qué lo hizo? ¿Porque le gustaba darse “latigazos”? No, por amor a Dios, porque en los hermanos descubrió el amor a Dios. San Juan de Dios, que se entrega a atender a los dementes. ¿Por qué lo hizo? ¿Porque quería “machucarse”? No, porque veía en ellos el rostro de Dios, y entonces él se entrega. Así nosotros también debemos de hacer.

Nosotros tenemos que darnos cuenta de que el sufrimiento tiene un valor; que el entregarse por el otro tiene un valor, porque ahí nos estamos uniendo al sufrimiento del siervo de Yahveh, Cristo, que nos alcanzó la salvación. Por eso es que, para el cristiano, como decía en la misa de la Caridad, el dolor tiene un sentido, porque nos unimos al dolor de Cristo. La persona que no descubre eso, ¡qué triste! porque como quiera sufre y no sabe por qué va a sufrir, y no sabe que el sufrimiento en Cristo tiene un valor redentor.  Fijémonos en eso, porque puede ser que nos dejemos caer como el pueblo de Israel en el piso, nos quedemos en el sufrimiento y no veamos la esperanza y no veamos que Dios nos levanta, no veamos que Dios nos levanta. Eso el Señor nos lo recuerda.

En el evangelio está ese pasaje de Pedro. Pedro como siempre, “Tú eres el Mesías”, ahí es cuando el Señor le dice “tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”. Pero cuando Jesús les dice, “hay que sufrir, yo voy a Jerusalén a sufrir”, ¿qué dice Pedro? Dice que lo llevó aparte, se ve que eran buenos amigos, y dice que lo increpó, “no tú no vas a Jerusalén porque no puede ser”. ¿Qué le dice el Señor? Utiliza el mismo verbo, y el Señor lo increpó, delante de todos los demás para decirle, “apártate, yo tengo que cumplir la voluntad de Dios, yo soy el siervo de Yahveh”. Él a través del dolor, de la cruz y del sufrimiento (y en la cruz del Señor cabe el sufrimiento de todos los pueblos producto del pecado y por la vida), ahí el Señor nos alcanza la salvación. “Yo tengo que cumplir, yo tengo que pasar por el sufrimiento, y este sufrimiento es redentor”.

Es una enseñanza para nosotros. Las madres lo saben; las madres saben que pasar dificultad por sus hijos es algo que es para el mañana. Hoy me sacrifico por este hijo mío para el mañana. Eso es lo que el Señor nos quiere enseñar hoy.

Hermanos vivamos así, vivamos descubriendo que la vida es ofrenda, que la vida es alegría y es tristeza, pero todo tiene en Cristo un sentido liberador, redentor para la vida eterna. Eso nos hace que nos sintamos hermanos unos de otros, sepamos sacrificarnos por el otro como bien dice Santiago en su carta. Dime de tu fe, que yo por mis obras te voy a mostrar mi fe. No es que haya una contradicción entre fe y obras. Jamás, es que las dos tienen que marchar tomadas de las manos.

Pensemos nosotros, analicemos eso, primero el amor de Dios para con nosotros, que hemos recibido y experimentado. Pero también pensemos que ese amor se vive entre hermanos, y eso es lo que el Señor nos pide a nosotros que hagamos hoy.

Que el Señor nos ayude a vivir la vida con esperanza, con confianza, y esa esperanza y confianza siempre da alegría y da fortaleza para seguir adelante y triunfar en la vida, y alcanzar la vida eterna. Que el Señor nos ayude a vivir así.

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