Mensaje de Monseñor Dionisio Guillermo García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba. Domingo 26 de septiembre de 2021

Hermanos,

Hemos escuchado en el salmo 18, que es el que hemos rezado hoy, ese versículo tan claro en el que nos dice que las palabras del Señor alegran el corazón. Ésta debe ser una de esas seguridades, porque es así, que uno debe tener en la vida; que la Palabra del Señor alegra el corazón. Uno está alegre cuando uno ha conseguido una meta, cuando uno se siente feliz, cuando uno se encuentra rodeado de cariño, de amor, uno está alegre; y precisamente la palabra del Señor provoca eso, que nosotros estemos alegres porque estamos escuchando al Señor.

Vamos a fijarnos en dos cosas. Una es el texto que hemos escuchado del libro de los Números, que ustedes saben forma parte del Pentateuco y que es una meditación de la liberación de Israel, del pueblo de Dios, la revelación que Dios empieza con su pueblo. Escrito varios siglos después, el pueblo meditaba todo lo que había vivido. Aquí ocurre un acontecimiento. Dios le dice a Moisés que Él había dirigido al pueblo, muchas veces no le hacía caso, o se quejaba de que no tenían agua, no tenían pan, no tenían esto, no tenían lo otro, cuando formaron aquel becerro de oro, y Él dijo “todo el pueblo debe darse cuenta de que ellos también son poseedores del Espíritu de Dios”. Entonces, de una manera muy bonita, gráfica, así como si fuera una historia, pues le dice, “yo voy a quitarte un poco del Espíritu y voy a dárselo a los demás”.

No hermanos, el Espíritu no se divide, el Espíritu es para todos y es completo, pleno para todos, no hay que dividir lo que tenía Moisés, es una manera de decir las cosas, de hacer la historia agradable y leíble. Entonces dice que la gente empezó a profetizar. Todos esos ancianos se pusieron a alabar a Dios diciendo precisamente lo que había que comunicar. Tengan fortaleza, tengan constancia, perseveren, luchen, porque ustedes van a ver la misericordia de Dios en ustedes. Fíjense bien que esto está dicho en el Antiguo Testamento, muchos siglos antes de Jesús, pero eso sucede todos los días.

Si nosotros queremos saber, si ustedes quieren saber si tienen vocación, piensen cómo va mi vocación cristiana. ¿Trato de ser buen cristiano? Si lo trato de ser, si lo pido, si insisto, si trabajo por ello, entonces Dios me va a llamar y me dará fuerzas para servirle en los hermanos siempre.

Lo primero es eso. Todos somos llamados. Y hay veces que nos sentimos celosos, porque vemos que hay otra gente que no son de nosotros y hacen cosas buenas. Entonces no sabemos cómo actuar. Vamos a recordarnos de esto, alégrense en el Señor, alégrense que hay otros que a lo mejor no conocen nada, pero simplemente el espíritu les suscita el bien.

¿Cuál es la misión nuestra? Alegrarnos y darle gracias a Dios porque esas personas hayan mantenido esa relación con Dios y la hayan querido transmitir a los demás. Alegrarnos, y entonces también nosotros podemos acercarnos a ellos y darle gracias a Dios, y enseñarles a ellos de que todavía tendrán una riqueza mayor si conocen plenamente a Jesús. La misión nuestra es ayudarles a descubrir, pero nunca decir tú no puedes hacer eso. Aquí dice, lo hacen en nombre tuyo y están haciendo lo que tú haces.

La segunda tiene que ver con esto, pero es nuestra vida la segunda. Señores, es que nosotros muchas veces nos dejamos llevar por lo inmediato. Si nosotros leemos la carta de Santiago, que ustedes saben bien que era un hombre que iba a la directa, Santiago nos dice, los ricos que piensan que por tener mucho dinero compraron todo hasta comprar la Gloria, no se equivocaron. En primer lugar, porque no pueden comprarlo todo, pero muchas veces son tan malvados que compran a las personas. Y aquí no es solamente el poder de las riquezas, sino también es el poder en sí; aquellos que gobiernan los pueblos y por determinadas políticas, o por lo que sea, tratan de comprar la conciencia de las personas. O aquellos que tienen un poder y se creen muy sabios, y entonces quieren imponer a otros su criterio.

Aquí el Señor después de esto nos advierte, cuidado con escandalizar a los pequeños con nuestra vida. Tenemos que ser personas conscientes, inteligentes, sabias, que saben poner las cosas materiales en su lugar y saben aspirar a las cosas eternas también, como lo primero que tienen que tratar de conseguir y mantener en su vida.

Que Dios nos ayude a vivir siempre así.

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