Mensaje de Monseñor Dionisio Guillermo García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba. Domingo XXIX del Tiempo Ordinario, 17 de octubre de 2021

Hermanos,

Las lecturas de hoy son una continuación de las lecturas que hemos venido escuchando en los domingos anteriores.  Jesús fue llamando a los discípulos (discípulo es aquel que sigue a un maestro, es el que sigue a aquella persona porque moralmente le llena, le va guiando en la vida; en el evangelio es aquel que lo va guiando hacia la sabiduría). Recuerden que la sabiduría, era precisamente vivir en la coherencia de que lo que decimos, lo que hacemos, y lo que pensamos; y eso que decimos, hacemos y pensamos, está en consonancia con el bien del hombre. Y ese bien del hombre nos lo da Dios, que reconocemos como el Señor de la vida y de la historia y nosotros somos creaturas. La persona sabia es la que actúa tratando de vivir coherentemente su vida en ese tono, en esa tesitura.

Cuando los discípulos se acercaron a Jesús, Él no les dijo, vengan que yo les voy a dar una clase de salvación, o les dijo mira coge este libro y léelo. Jesús suponía que ellos conocían el Antiguo Testamento, eran judíos piadosos. Pero no les dijo eso. Les dijo, síganme y van a ver dónde yo vivo: donde yo vivo hay veces que no hay condición ninguna, hay veces que las alimañas del monte tienen más condiciones, pero síganme. Es decir, toda la formación, la instrucción, la educación en la fe que recibieron los discípulos, fue a partir de compartir la vida de Jesús. Y Jesús les fue guiando en todos los momentos, cuando hacía milagros, cuando se enfrentaba a los fariseos, cuando recibía a un niño, cuando perdonaba a una adúltera… Él los fue guiando a partir de la experiencia, a partir de la vida. Esto nos quiere decir también a nosotros, que si queremos hacer presente a Cristo en mi hogar, en mi centro de trabajo, entre mis amigos, en la sociedad, tengo que hacerlo principalmente de esta manera. El testimonio es fundamental.

Los discípulos seguían pensando que el Reino de Dios era un reino como nosotros lo vemos ahora: de poder, cuando sale un gobernante bueno es para el bien del pueblo, cuando sale uno que es malo es para mal del pueblo, las leyes son justas, son injustas, unos viven mal otros peor… el Señor les dice, ustedes no entienden, el Reino que yo propongo es un Reino que no se acaba con el tiempo, ni se puede medir en cantidades; el Reino que les propongo es pleno, es para la vida eterna. Viene esta discusión entre ellos de quién va a ser el primero. “Nosotros dos que fuimos los primeros que tú llamaste”. Señores, así somos nosotros.

En las lecturas de hoy, nosotros vemos como el Señor Jesús va guiando a sus apóstoles, y les va diciendo: “ustedes van a tener el cieno por uno.Eso se alcanza a través del compromiso, a través del amor, de la entrega, a través de la aceptación de aquellas situaciones que nosotros no podemos resolver porque afectan mi vida;  el mal siempre hay que rechazarlo y combatirlo, pero siempre tenemos que estar dispuestos a vivir como cristianos. ¿Cómo vivió Cristo el mal? Lo sufrió en la cruz. El Señor quiere decirnos que la salvación es a hacer la voluntad de Dios, aunque ella nos lleve a vivir situaciones difíciles que nosotros no somos capaces de entender, pero que, si nos ponemos en las manos de Dios, nosotros encontramos esa mirada de Dios sobre los acontecimientos que nos hace ver la vida eterna.

Hermanos el Señor nos dice que luchemos contra el mal, no busquemos el mal nunca, ni sobre nosotros ni sobre los demás. Ese mal que no buscamos y que viene solo en la vida, nosotros sepamos luchar contra él, pero siempre como Jesús, poniendo en las manos de Dios, pidiendo hacer la voluntad de Dios siempre. El Señor sabrá liberarnos del sufrimiento y del mal en la vida eterna, y aquí en esta vida vamos a encontrar sentido a toda nuestra existencia. Lo triste es cuando nos rebelamos, y entonces rechazamos algunos a Dios. Para el que cree en Dios, está viendo el mal, sabe que cuenta con la fuerza de Dios y sabe que algún día, el Señor lo recibirá en la gloria. Por eso en el salmo hemos rezado, que tu misericordia Señor venga sobre nosotros como lo esperamos de ti.

Ellos ponen su vida, momentos alegres o tristes en las manos de Dios, que Él podrá cambiar, hacer que Él puede hacer fructificar toda nuestra vida, aun nuestros pecados. El Señor con su misericordia si estamos arrepentidos, el Señor nos salva. El Señor nos ayude a vivir así. A no desear el mal, a luchar contra el mal, pero también enfrentar el mal de corazón, poniendo a Dios como nuestro escudo y nuestra defensa. El Señor nos ayude a todos.

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