Mensaje de Monseñor Juan Gabriel Díaz Ruiz, obispo de Ciego de Ávila. Domingo XXIX del Tiempo Ordinario, 17 de octubre de 2021

Con el pasaje de hoy, el evangelista Marcos cierra un conjunto de su obra en la que ha presentado a Jesús mientras va de camino a Jerusalén, camino que, como sabemos, culminará con su muerte en la cruz y la resurrección. Por tres veces el Señor ha anunciado a sus discípulos todo lo que va a suceder cuando lleguen a la Ciudad Santa; en cada una de ellas ha encontrado la incomprensión y las falsas expectativas que sus discípulos abrigaban con respecto a Él. Por eso, estos episodios terminan siempre con una enseñanza de Jesús acerca del verdadero sentido de su misión y la respuesta que deben dar, sobre todo el grupo de los Doce, para que sean verdaderos discípulos.

En el evangelio de este domingo, Santiago y Juan -quienes junto a Pedro y Andrés fueron los primeros llamados por el Señor para seguirlo-, se acercan con una petición muy peculiar: desean ocupar los puestos más importantes cuando Jesús sea glorificado, es decir, después de su resurrección. ¿Dónde está la visión errónea de estos dos discípulos?; pues no solo en el hecho de que intentan alcanzar los lugares más relevantes, sino, sobre todo, en que su pretensión sea lograrlo sin tener en cuenta el momento anterior a la gloria de la resurrección: la cruz. Ya sabemos que el propio Jesucristo lo afirmó con claridad: “El que quiera ser mi discípulo, que tome su cruz y me siga…” No hay otro camino, sino el de la cruz, para el discípulo de Cristo, porque el camino del discípulo no puede ser otro que el de seguir los pasos de su Maestro. Por eso, la respuesta del Señor a los hijos de Zebedeo es muy explícita: tendrán que pasar por la cruz de la fidelidad a Él antes de poder entrar en su Reino, no hay atajos ni alternativas.

¿La reacción airada del resto de los discípulos?, pues, probablemente, una muestra de que, en el fondo, ellos también tenían la misma mentalidad que Santiago y Juan. Por ello, a continuación, Jesús les imparte una enseñanza magistral con respecto a lo que significa y exige ser su discípulo: “El que quiera ser grande que se haga el servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga el servidor de todos”. Muy lejos, como podemos ver, de todo lo que implique ansia de poder y deseo de relevancia o reconocimiento.

Hermanos: el camino del seguidor de Cristo está muy bien definido, porque nuestro Señor lo recorrió primero: “El Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”. Solo falta ponerse en camino y, con la fuerza del Espíritu Santo, seguir los pasos de nuestro Maestro.

Deja un comentario