Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río para el 31 de octubre 2021, Domingo XXXI del Tiempo Ordinario

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, obispo de la diócesis pinareña y pastor de todos.

Acabamos de escuchar el evangelio que la liturgia nos propone para el día de hoy. Un escriba, quizá abrumado por el peso de las leyes y los preceptos que la tradición de Israel había sumado a la Alianza con Dios, entabla un diálogo con Jesús. Cristo le recuerda el criterio bíblico del Antiguo Testamento: lo importante es el amor a Dios y el amor al prójimo, pero pone una novedad: la relación y dependencia entre el amor a Dios y al prójimo. Es decir, no se puede amar a Dios si no se ama al prójimo.

Al respecto el papa Francisco nos expresa: “Para conocer a Dios nuestro intelecto, la razón es insuficiente. Dios se conoce totalmente en el encuentro con Él, y para el encuentro la razón no basta. Hace falta algo más: ¡Dios es amor! Y sólo por el camino del amor puedes conocer a Dios. Amor razonable, acompañado de la razón. ¡Pero amor! ‘¿Pero cómo puedo amar lo que no conozco?’; ‘Ama a los que tienes cerca’. Y esta es la doctrina de los dos mandamientos: El más importante es amar a Dios, porque Él es amor; Pero el segundo es amar al prójimo. Para llegar al primero debemos subir los escalones del segundo: es decir, a través del amor al prójimo llegamos a conocer a Dios, que es amor. Sólo amando razonablemente, pero amando, podemos llegar a este amor.”

Los mandamientos de Dios comienzan siempre en la Escritura con una orientación directa al pueblo: “Escucha Israel”, porque si no somos capaces de escuchar no podemos asimilar lo que se nos está diciendo. ¡Qué importante es esto! Saber escuchar ayuda a la persona que nos habla a sentirse respetada, acogida. Una buena escucha ofrece la posibilidad a la persona que nos está hablando de comunicar y expresar sus pensamientos, sus emociones, sus sentimientos.

Oír y escuchar no es lo mismo. Oír es una capacidad fisiológica que, si no muestra defectos, nos permite disponernos a la escucha. Tener una actitud de escucha es tener en cuenta al otro, poner atención para oír, querer comprender y centrarse en la otra persona.

Aprendamos a escuchar a los demás, y sobre todo a Dios, Él nos habla siempre.

No cabe duda de que el amor es la norma suprema del cristiano, hasta el punto de que todo lo demás, incluso el culto que ofrecemos a Dios, carece de valor si no expresa amor al Señor y al hermano.

Es este un pasaje que cuestiona profundamente nuestra adhesión a Jesucristo y el modo como estamos viviendo nuestro compromiso cristiano, porque, a veces, estamos más acostumbrados a cumplir normas que a contrastar la vida con el Evangelio.

Pidamos al Señor que nos de la gracia de aprender a amar como Él nos ama. Sumerjámonos en el corazón de Dios para que, experimentando su vida, podamos vivir amando como Él nos has amado y alcanzar así la santidad.

Al celebrar la fiesta de todos los santos, fijémonos en el testimonio que esos hombres y mujeres han dado de amor a Dios y a los hermanos. Esforcémonos por alcanzar la santidad que es la mejor recompensa que podamos recibir por nuestros actos.

Eduquemos a nuestros hijos: niños, adolescentes, jóvenes, en estos valores recibidos. Compartamos con ellos las historias de estas vidas ejemplares, para que aprendan que vale la pena vivir para aliviar el sufrimiento de los demás, que vale la pena trabajar por una sociedad más justa y fraterna.

Que María de la Caridad acompañe nuestra vida de fe.

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