Mensaje de Mons. Juan Gabriel Díaz Ruiz, obispo de Ciego de Ávila. Comentario del evangelio del XXXII Domingo del Tiempo Ordinario, 7 de noviembre de 2021

Los seres humanos nos dejamos llevar, con relativa facilidad, por las apariencias. Nos deslumbra lo exterior, lo que reluce, lo que inmediatamente percibimos a través de los sentidos. Mucho más difícil nos es mirar lo esencial, lo que de verdad cuenta, aquello que es valioso, tanto en las personas como en las realidades de la vida diaria.

En la época de Jesús esto, también, era muy común. En el evangelio de este domingo el Señor critica con dureza a los maestros de la Ley que buscan el aplauso y la aprobación, descuidando lo más importante: las verdaderas intenciones que estaban en sus corazones. De igual modo, en el Templo de Jerusalén, las ofrendas que se hacían para el sostenimiento del culto se utilizaban como pretexto, por parte de algunos, para hacer gala de unas supuestas generosidad y piedad profundas. El Señor, que conoce bien el interior de los corazones, no tuvo reparos en alabar la ofrenda de la viuda, que entregó, desde su pobreza, todo lo que tenía para vivir, mientras que otros muchos solo daban de lo que les sobraba, y para ser vistos y alabados.

Ante Dios no podemos disimular o maquillar nuestras intenciones ocultas. Él nos conoce bien, y nos invita a dar con corazón generoso y dispuesto, sin importar la cuantía, porque eso es lo que vale ante sus ojos. Queden lejos de nosotros la pretensión de aparentar lo que no somos o de hacernos publicidad con nuestras obras de caridad. En este tema, como nos indica el propio Señor: “que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha…

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