Mensaje de Mons. Juan Gabriel Díaz Ruíz, obispo de Ciego de Ávila, comentando el evangelio del II domingo de Adviento, 5 de diciembre de 2021

Durante el Adviento hay varias figuras importantes, que dan el tono a las celebraciones de este tiempo litúrgico. Una de ellas es Juan el Bautista, el Precursor, que preparó el camino para la llegada del Salvador, esperado con ansia por el pueblo de Israel.

El mensaje del Bautista es directo y claro: el cumplimiento inminente de la promesa divina de un Mesías exige un cambio, una conversión, en las actitudes y el comportamiento de los creyentes. Por eso se vale de las palabras del profeta Isaías, que, siglos antes, había urgido a los israelitas a prepararse para la recuperación de su libertad y el regreso a su patria, luego de largos años de destierro en Babilonia. Ahora se trata, también, de una liberación, pero ésta definitiva y radical, porque está cercano el Salvador del mundo, que viene a liberar del dominio del mal y del pecado. Para recibirlo, hay que enderezar lo torcido, suavizar lo áspero y allanar lo accidentado, todas ellas imágenes muy sugerentes para referirse a cuanto debemos quitar o modificar en nuestras vidas. Cada uno debe examinar a fondo su conciencia y descubrir las transformaciones que Dios, con su gracia, le pide llevar a cabo para que el camino de su vida sea digno y transitable. El grito estremecedor de Juan el Bautista termina con palabras plenas de esperanza: “Todos verán la salvación de Dios…”, con las cuales asegura la absoluta voluntad divina de que todos encuentren la salvación por medio de Jesucristo. Queda de nuestra parte el poner manos a la obra, para que el Señor venga a nuestro encuentro en estos días santos del Adviento y la Navidad.

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