Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, SJ, obispo de Pinar del Río, comentando el evangelio del 12 de diciembre de 2021, III Domingo de Adviento

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, obispo de esta diócesis y pastor de todos.

Seguramente conoces que la palabra Evangelio viene directamente del griego y significa “Buena Nueva”. Y es “Buena Noticia” porque nos trae la alegría, nos anuncia la salvación, más aún, la llegada de nuestro Redentor en persona, de Jesús, nuestro Salvador. El mismo nombre de Jesús, significa “Dios salva”.

Y esto es lo que nos dice Lucas de Juan Bautista: que anunciaba al pueblo la Buena Noticia de la salvación. Y los exhortaba a prepararse para la venida del Mesías con obras de caridad y de conversión interior.

Juan no se anunciaba a sí mismo, como el esperado, sino que anuncia a otro. Su misión es limpiar el camino. Además, orienta en acciones concretas los caminos que habrá que enderezar, según los caminos de Dios. Lo hace partiendo de la vida normal y la situación personal de cada uno. Los compromisos concretos a los que nos llama el profeta Juan son el compartir, el ser honestos, ser justos, no defraudar, ser sobrios, todo muy actual. Son los valores imprescindibles de una existencia plenamente humana y auténticamente cristiana. ¡Conviértanse! Es la síntesis del mensaje del Bautista.

Hemos llegado ya al tercer domingo de Adviento. Y todo él está dominado por el tema de la alegría; es el llamado “Domingo de la Alegría”. Y si escuchamos las lecturas del día con atención, nos daremos cuenta del porqué de este nombre. “Estén siempre alegres en el Señor, -exhorta San Pablo a los Filipenses-, se los repito: estén alegres. El Señor está cerca”

La alegría es esencial en toda fiesta, y con Jesús estamos de fiesta. Además, es una característica de todo buen cristiano. Porque Dios nos ama infinitamente y nos protege siempre con su providencia de Padre. Porque ya hemos sido redimidos de nuestros pecados y gozamos de la compañía de nuestro Salvador. Porque albergamos en nuestro corazón las más seguras y ciertas esperanzas de una vida feliz y eternamente bienaventurada que nos aguarda en la otra vida, pero de la que ya gozamos, de alguna manera, aquí abajo. ¡Esperamos a nuestro Redentor! Y con Dios tenemos mil motivos para estar alegres y para ser optimistas. “Si Dios está con nosotros- exclamaba San Pablo- ¿quién contra nosotros?

¿Qué debemos hacer? Lo mismo debemos preguntarnos hoy nosotros en este tiempo concreto y en la situación que cada uno vive. ¿Qué hacer para superar la mediocridad, el hacer lo mínimo en nuestra vida cristiana y ser mejores discípulos de Jesús? ¿Qué le diría hoy Juan a un padre de familia, a un político, a un joven, a un religioso, a ti…?

Si queremos hacer algo por los demás, comencemos por aquí. Regalemos a nuestro prójimo una hermosa y sincera sonrisa siempre que podamos, a todos sin excepción y en todas las circunstancias. También a aquellos que no nos simpatizan o tal vez nos han herido o hecho algún mal. También cuando estemos cansados o totalmente agotados. Este gesto tan sencillo, de verdadera alegría y de amor, puede ser también un hermoso regalo de Navidad.

Que María de la Caridad, nos anime y acompañe.

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