Entramos ya en la tercera semana de preparación a la Navidad. A nosotros se nos invita en este tiempo del Adviento a prepararnos durante solo 4 semanas para la venida del Señor, en cambio la Virgen María vivió un largo adviento de 9 meses. María es, pues, alguien a quien debemos imitar porque es modelo de saber esperar. Ella nos enseña a prepararnos para recibir al Niño Dios en la Navidad. Con el canto le decimos al Señor: Ven, no tardes, que te esperamos.
Queridos hijos e hijas: Como cada domingo, comenzamos haciendo sobre nuestro cuerpo la señal de los cristianos, la señal de la cruz. Nos tocamos primero la frente, luego el pecho, después el hombro izquierdo y, finalmente, el hombro derecho. Al tocar nuestro cuerpo, le estamos pidiendo a Dios que bendiga todos nuestros pensamientos, sentimientos y obras, a la vez que mencionamos el nombre santo de Dios:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Que nuestro Señor Jesucristo, el mismo que vino hace 2021 años, el mismo que viene cada día de maneras diferentes, y el mismo que vendrá el día y la hora menos pensada, esté con todos ustedes. Y con tu espíritu.
Me acompaña hoy el muy conocido Padre Paquito, sacerdote que atiende la iglesia de San Lázaro en nuestra ciudad. Lo he invitado porque el próximo viernes, día 17, estaremos celebrando la fiesta de San Lázaro y tiene cosas importantes que decirnos al respecto.
Ahora le pido a él hacer la lectura de la Biblia que luego comentaré con ustedes.
P. Paquito: Lectura del evangelio según san Lucas, capítulo 1, versículos del 26 al 38
“En aquel tiempo, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazareth, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó diciendo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo’. Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: ‘No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin’. María dijo al Ángel: ‘¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?’ El Ángel le respondió: ‘El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en el sexto mes, porque para Dios no hay nada imposible’. María dijo entonces: ‘Yo soy la esclava del Señor; que se cumpla en mí lo que has dicho’. Y el Ángel se retiró”.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
La historia nos enseña que hace poco más de dos mil años, y en un pequeño país del Medio Oriente, vivió una mujer, de carne y hueso como nosotros, la Virgen María, y a la que los cristianos veneramos como “la llena de gracia” y “la bendita entre todas las mujeres”. La grandeza de esta mujer no vino por haber ganado un concurso de belleza, o recibido el Premio Nobel, o haber llegado a Primera Ministra de un país, o de tener títulos universitarios (de hecho, ella nunca pudo aprender a leer y escribir porque, en su tiempo, a las mujeres del pueblo judío no se les enseñaba ni a leer ni a escribir). La grandeza de María fue su fe, su firme “sí” a Dios y a lo que él le pidiera, aunque ella no entendiera. El único título que ella prefirió para sí fue, como escuchamos, el de “esclava del Señor”. Por eso Dios la escogió para ser la Madre de Jesucristo.
La Biblia también nos narra cómo la Virgen María, al enterarse por el Ángel Gabriel de que su prima Isabel estaba embarazada, fue “aprisa” a la montaña donde ésta vivía para ayudarla en su maternidad. Si María caminó “aprisa” los 150 kilómetros que la separaban de Isabel, también llegó “aprisa” a esta tierra cubana. En 1492, hace 529 años, arribaba a Cuba el almirante Cristóbal Colón capitaneando una nave con el admirable nombre de “Santa María”. Y en 1612 (hace ya 409 años), un niño negro de 10 años de edad nombrado Juan Moreno, y dos hermanos cubanos blancos, Juan y Rodrigo de Hoyos, encontraron flotando, en la Bahía de Nipe, una pequeña imagen de la Virgen María. En la tabla que la sostenía podía leerse: “Yo soy la Virgen de la Caridad”. “Aprisa” también la llevaron ellos a El Cobre, donde ha quedado para siempre. Uno se pregunta quiénes fueron los protagonistas de este hecho, si los cubanos o la Virgen… porque podríamos preguntarnos quién encontró a quién: ¿Fueron los cubanos quienes encontraron a la Virgen de la Caridad o fue la Virgen de la Caridad quien vino al encuentro del pueblo cubano?
Con el paso de los años, cada país ha querido tener a la única Virgen María como algo propio, o la Virgen María quiso darle un retrato suyo a cada país: para los mejicanos, por ejemplo, ella es la Virgen de Guadalupe (fiesta que celebramos hoy, 12 de diciembre); para los franceses es la Virgen de Lourdes; para los portugueses, la Virgen de Fátima; para los brasileños es La Aparecida; para los venezolanos, Nuestra Señora de Coromoto; y para los cubanos, ella es la Virgen de la Caridad del Cobre. También se le conoce con diversos títulos como María Auxiliadora, María Inmaculada, la Virgen Milagrosa, etc.
A continuación, escucharemos una vez más al Padre Paquito quien hará otra lectura, tomada también de la Biblia:
P. Paquito: Lectura del evangelio según san Juan, capítulo 2, versículos del 1 al 11
“Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltara el vino, la madre de Jesús le dijo: ‘No tienen vino’. Jesús le respondió: ‘Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía’. Pero su madre dijo a los sirvientes: ‘Hagan todo lo que Él les diga’. Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos religiosos de los judíos, de unos cien litros de capacidad cada una. Jesús dijo a los sirvientes: ‘Llenen de agua estas tinajas’ Y las llenaron hasta el borde. ‘Saquen ahora –agregó Jesús- y lleven al encargado del banquete’. Y así lo hicieron. El encargado probó el agua convertida en vino y, como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: ‘Siempre se sirve primero el vino bueno y cuando todos han bebido bastante, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento’. Este fue el primero de los signos de Jesús y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Hay en esta lectura varias enseñanzas importantes, pero hoy quiero destacar dos. La primera es que queda claro que la Virgen María no es Dios. Si fuera Dios ella misma hubiese hecho el milagro. Ella lo que hizo fue interceder por la necesidad de aquellos novios ante su Hijo Jesucristo que, precisamente por ser Dios, sí podía hacer el milagro. La segunda enseñanza que deseo acentuar es la frase dicha por María a los sirvientes de la boda: “Hagan todo lo que Él les diga”. ¡Muy buen consejo para nosotros en este tiempo del Adviento! Por eso decimos: “A Jesús por María”. Ella nos convence de que a quien debemos seguir es a su Hijo Jesucristo. Ella nos da ejemplo de por qué puso a Dios en el primer lugar de su vida. Ella nunca perdió la confianza en Dios en los momentos de dificultad. Ella fue la primera cristiana. Ella fue la primera discípula en cumplir las enseñanzas de Jesucristo. Todos debemos pedirle a la Virgen María en este Adviento y en la ya próxima Navidad que nos lleve a conocer más a Jesucristo, a amarlo y a seguirlo.
Seguidamente les propongo invocar la ayuda de la Virgen con estas sencillas letanías, a las que ustedes podrán responder, rezando: “RUEGA POR NOSOTROS”.
Santa María, Madre de Dios. RUEGA POR NOSOTROS
Tú que eres la Causa de nuestra alegría. RUEGA POR NOSOTROS
Tú que eres la Salud de los enfermos. RUEGA POR NOSOTROS
Tú que eres el Refugio de los pecadores. RUEGA POR NOSOTROS
Tú que eres el Consuelo de los afligidos. RUEGA POR NOSOTROS
Tú que eres el Auxilio de los cristianos. RUEGA POR NOSOTROS
Queridos hijos e hijas: Quiero compartirles hoy una anécdota personal. Hace ya unos años veníamos unas 30 personas en peregrinación caminando hasta El Cobre desde la Bahía de Nipe (el lugar donde aquellos tres afortunados encontraron la bendita imagen de la Virgen). Al llegar al entronque del municipio Mella, había un “amarillo” en la parada de la guagua. Al enterarse de que éramos un grupo de personas que íbamos hacia el Santuario de la Virgen de la Caridad, en El Cobre, dijo en alta voz algo que nosotros escuchamos y que es una verdad muy grande: “Jesucristo es el único Dios”, lo cual, para los católicos es muy cierto y lo afirmamos también. Pero nos dimos cuenta que él lo decía porque pensaba que nosotros adoramos a la Virgen como si se tratara de otro Dios.
Allí paramos para comernos unas frituras y aproveché para acercarme al mencionado “amarillo” y aclararle quién es la Virgen y lo que ella hace por nosotros. Pero no hizo falta, porque se me ocurrió comenzar por preguntarle: ¿Cuál es el trabajo que hacen ustedes, los “amarillos”? Y su respuesta mejor no pudo ser para lo que yo quería explicarle sobre el papel de la Virgen. Él me contestó: “Nosotros ayudamos a que la gente que esté viajando llegue rápido a su destino”. Le contesté: “Pues eso mismo es lo que hace la Virgen María con todos: ayudarnos en el camino de la vida para llegar rápido a Jesucristo”. Y allí se quedó él, pensativo, mientras nosotros reiniciábamos nuestro camino hacia El Cobre.
Queridos todos: Nunca olvidemos que fue el propio Jesucristo quien, clavado en la cruz, nos dejó a la Virgen María como Madre. Allí le dijo al discípulo Juan lo mismo que nos dice hoy a nosotros: “Ahí tienes a tu Madre”. Dejemos que la Virgen, entonces, en los momentos que tengamos de tribulación, nos diga lo mismo que le dijo a San Juan Diego: “¿No estoy yo aquí a tu lado, que soy tu Madre?”.
Y ahora, antes de cederle el micrófono al Padre Paquito para que nos comparta el programa preparado para la fiesta de San Lázaro, quiero invitarlos a que visiten el precioso Nacimiento de Jesucristo 2021 que se inauguró en la noche de ayer en la Iglesia de La Soledad, que todos estos días y hasta el 6 de enero, abrirá sus puertas de 8 de la mañana a 10 de la noche. En el Nacimiento de este año podremos contemplar las hermosas figuras hechas en barro por el artesano camagüeyano Alejandro Jesús González Sánchez, un joven de sólo 20 años de edad. ¡No pierdan la oportunidad de visitar al que ya hemos llamado “Un Nacimiento Camagüeyano”!
Escuchemos ahora al P. Paquito. Preparemos papel y lápiz para apuntar los horarios que nos dé.
Queridos amigos: Hoy les llamo así porque los quiero invitar a celebrar la fiesta de la amistad de Jesús y Lázaro el próximo viernes 17 de diciembre. Como sabemos, Martha y María, las hermanas de Lázaro, le enviaron un mensaje a Jesús de que su amigo Lázaro estaba enfermo. Jesús demoró unos días en llegar y Lázaro ya había muerto. San Juan, en su evangelio, dice que Jesús lloró cuando llegó a la tumba de su amigo Lázaro. Al leer este relato del capítulo 11 del evangelio de San Juan, uno se maravilla de la amistad entre Jesús y Lázaro. Una amistad que, por parte de Lázaro, parece terminar con la muerte pero, por parte de Jesús, es el triunfo de la fe que les pidió tener a las hermanas de Lázaro.
El viernes próximo es un día bonito para recordar a nuestros amigos, visitarlos o llamarlos por teléfono. Y si vas a la iglesia ese día, te pido que, al llegar, le digas al Señor: ¡Señor, aquí está tu amigo! (y dices tu nombre) y le brindas tu casa y tu familia. Eso fue lo que hicieron Lázaro y sus hermanas con Jesús. Pienso que cuando Jesús lo resucitó es posible que sintiera en su corazón la necesidad de seguir teniéndolo como amigo, como familia, y continuar hospedándose en su casa.
Los cubanos decimos que “quien tiene un amigo, tiene un central”. Ese amigo es Jesús que nos promete un cielo nuevo y una tierra nueva.
Comparto ahora con todos lo programado para el 17 y los días previos:
Mañana, lunes 13, a las 8 de la mañana: Misa y bendición del agua y de los perritos.
El martes 14, a las 8 de la mañana: Misa y bendición de los enfermos.
El miércoles 15, a las 8 de la mañana: Misa y bendición de embarazadas.
El jueves 16, a las 8 de la mañana: Misa y bautizos de niños
Y el viernes 17, festividad de San Lázaro, tendremos lo siguiente:
A las 6 de la mañana: Mañanitas y Misa presidida por un servidor.
A las 9 de la mañana: Bendición de los ancianos y Misa presidida por el Padre Elber
A las 3 de la tarde: Misa del Apostolado de la Misericordia, presidida por el Padre Iván
Y a las 6 de la tarde: Misa con los jóvenes, presidida por Monseñor Willy, nuestro Arzobispo
Enseña el evangelio que Jesús, cuando llegó a la tumba de Lázaro, dijo con voz fuerte: “Lázaro, sal del sepulcro”. Piensa en lo que podría decirte Jesús a ti este día 17. ¿No sería lindo que empezaras una nueva vida como Lázaro? Te pido que, si el día 17 escuchas la voz del Señor, ¡no endurezcas tu corazón!
¡Los espero a todos!
¡Gracias, Padre Paquito! ¡Allí te acompañaremos en la iglesia de San Lázaro! Ahora los invito a todos a rezar la oración que el mismo Cristo nos enseñó: PADRE NUESTRO…
Solo me resta darles la bendición, bendición que desearía llegara a todas las familias, especialmente a las más necesitadas. Que llegue también a los que se sienten enfermos del cuerpo o del alma, a quienes están necesitados de un buen consejo, y a quienes están buscando una simple medicina o un poquito de cariño. Bendición especial para los jóvenes, a quienes quisiera recordarles las palabras que les dijo el Papa San Juan Pablo II cuando nos visitó: Así les dijo: “No se dejen vencer por el mal, venzan el mal a fuerza de bien. No tengan miedo de abrirle las puertas de su corazón a Jesucristo. Que éste sea el programa de la juventud cubana”.
El Señor esté con ustedes. Y con tu Espíritu. La bendición de Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y los acompañe hoy y siempre. AMÉN.
Con el canto final vamos a rezar, una vez más, el AVEMARÍA, la oración de la Virgen, oración que deberíamos rezar muchas veces al día.
Les recuerdo que, si Dios quiere, volveré a estar con ustedes el próximo domingo, a las 9 de la mañana.
¡Que tengan una buena semana!
