Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, obispo de esta diócesis y pastor de todos.
Al iniciar nuestra reflexión de hoy es bueno tener en cuenta que era norma entre los judíos, que las mujeres y los hombres no viajaran juntos cuando iban a visitar el Templo, sólo se encontraban en las noches. Por ello María pensaba que Jesús viajaba con José y viceversa. No es hasta que se encuentran en la noche que se dan cuenta de que el niño no estaba con ninguno de los dos y realizan un viaje de regreso a Jerusalén para buscarlo. Todo padre entendería la situación tan horrible en la que se encontraron María y José.
Luego de tres días recorriendo las calles de Jerusalén, encuentran a Jesús hablando, nada menos que con los Maestros de la ley en el Templo. Nos puede parecer extraño que Jesús responda de esa manera a sus padres. No era esa la intención del evangelista. Simplemente nos presenta a Jesús en su etapa de crecimiento en el seno de una familia y en su relación con el Padre. Poniéndonos en la piel de José y María, también nos quedaríamos atónitos, angustiados y perplejos. Pero ese es el misterio del Dios que se hace carne. María guardaba todo en su corazón.
Que importante es la familia para Dios. Tan es así, que quiso nacer de una. Estamos en un tiempo, como país, en el que se está proponiendo un nuevo código de familia que desea ser más actualizado en nuestra realidad. Es muy bueno que los documentos legislativos se revisen y actualicen, pero que nunca sea esta una ocasión para perder los aspectos que son esenciales para la sociedad.
Hoy damos gracias a Dios por aquellos padres que se esfuerzan para que sus hijos crezcan con la presencia materna y paterna y los eduquen según sus principios y valores.
Damos gracias por los jóvenes que no desvirtúan el valor del matrimonio entre un hombre y una mujer que se aman como la base fundante natural de la familia.
Agradecemos a las familias que son verdaderamente inclusivas porque entre ellos existe el respeto de la diversidad, sin adaptar el orden social y natural a lo que cada cual prefiere, sino hallando espacios apropiados para todos, sin permitir que las preferencias de cada uno comprometan el presente y el futuro de todos.
Damos gracias a Dios por los esfuerzos para fortalecer el respeto al derecho y deber de los padres de educar integralmente a sus hijos, conscientes de que fuera de ellos, todo lo demás son subsidiarios de los apoyos requeridos.
Gracias, Señor, por la protección a las personas adultas mayores a quienes se encuentran en situación de discapacidad en el entorno familiar y por los hogares donde no existe la violencia ni los abusos.
Siendo muy importante la familia de sangre, Jesús hace la primera presentación de una familia más amplia, la familia de Dios. Más tarde dirá: “¿Quién es mi madre y mis hermanos? Los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”. En cuanto creyentes, María y José maduran su fe en medio de perplejidades, angustias y gozos. Las cosas se irán aclarando poco a poco. No es fácil entender los planes de Dios. Ni siquiera los “entiende María”.
“Sagrada Familia de Nazaret, haz también de nuestras familias lugar de comunión y cenáculo de oración, auténticas escuelas del Evangelio y pequeñas iglesias domésticas. Sagrada Familia de Nazaret, que nunca más haya en las familias episodios de violencia, de cerrazón o división, que quien haya sido herido o escandalizado sea pronto consolado y curado” (Papa Francisco).
