Mensaje de Mons. Juan Gabriel Díaz Ruiz, obispo de Ciego de Ávila para el 26 de diciembre de 2022, fiesta de la Sagrada Familia

El Prólogo del Evangelio de San Juan incluye, en una de sus estrofas, una afirmación de trascendental significado para la fe cristiana y que, de manera sencilla y directa, nos introduce en el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, que se hizo hombre para salvarnos: “El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros”. En la Navidad, precisamente, celebramos y contemplamos, con regocijo, asombro y fe, este gesto supremo de amor de Dios hacia nosotros, pobres pecadores: para redimirnos del pecado y de la muerte, el Señor escogió el camino más inesperado y menos idóneo –según nuestra limitada lógica–, pues se hizo uno de nosotros y compartió en todo, menos en el pecado, nuestra condición humana, hasta, incluso, la muerte.

Una de esas realidades humanas que Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, experimentó en primera persona fue la familiar. En particular, Él vivió, significativamente, la mayor parte de su existencia en el ámbito de la que conocemos como “Sagrada Familia de Nazaret”, formada por la Virgen María, San José y el propio Jesús, hasta que llegó el momento de comenzar la predicación del Reino. Y digo “significativamente” porque, estoy seguro, no se trata de algo accidental –que con Dios no tienen lugar las casualidades, sino solo su providencia amorosa–; de modo que, con toda intención, Jesús pasó por las etapas y experiencias de la convivencia familiar, hasta llegar a la madurez, que le permitió iniciar el anuncio del Evangelio. Una prueba palpable de que la familia no es una entidad secundaria o prescindible dentro de la voluntad salvífica de Dios.

La Sagrada Familia de Nazaret, cuya fiesta celebramos hoy, en medio de la alegría de la Navidad, es un recordatorio de que nuestra familia también debería constituir, como nos inculcaron los que nos precedieron, algo sagrado y único; a favor de la cual nunca serán suficientes los esfuerzos que dediquemos a fortalecerla, al mantenimiento de su unidad y a lograr que ella siempre sea un espacio de amor, respeto, paz y convivencia sana. La Navidad es una ocasión muy especial, y bendecida por Dios, para que consagremos estos días a vivir en familia, teniendo como modelo aquella Familia Sagrada en la que Él quiso que naciera su Hijo, Jesucristo, el Salvador.

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