Mensaje de Mons. Wilfredo Pino Estévez, arzobispo de Camagüey, para el 26 de diciembre de 2022, fiesta de la Sagrada Familia

Queridos hijos e hijas: Nuestra Iglesia celebra hoy la fiesta de Jesús, María y José. A ellos se les llama con razón: la “Sagrada Familia”, y se han convertido en un ejemplo a imitar por cada una de nuestra familias.

Algo muy cierto y, a la vez curioso, es que Dios ha querido ser también una familia, en la que está el Padre, el Hijo y un Espíritu de amor que los hace uno sólo.

También es cierto que todos nosotros somos personas distintas. Cada uno tiene su nombre, pero propiamente no es nuestro nombre lo que nos identifica. Podríamos llamarnos Carlos o Ana pero hay muchos Carlos y muchas Anas. Lo que realmente nos identifica, además de nuestros ADN o nuestras huellas digitales, son ¡nuestros apellidos!

Los mayores que me escuchan recordarán que, años atrás, cuando queríamos saber quién era la persona que teníamos delante, la pregunta invariable era: ¿De qué familia eres tú? Y la respuesta era decir ¡el apellido!: “Yo soy de los Casalís, o de los Bastián, o de los Gómez, etc.”. Todos, pues, hemos nacido dentro de una familia y pertenecemos a una familia.

Cuando nacemos, da la impresión que no tenemos nada propio, porque nuestros familiares empiezan a decir lo que sabemos: sacó la nariz del padre, tiene los ojos de la madre, la boca es de su abuelo por parte de padre, tiene tanto pelo como su hermano mayor, etc.

Afortunadamente, todos vivimos, o debiéramos vivir, en familia. Y la familia nos acompañará, o nos debería acompañar, “hasta que la muerte nos separe”. Sencillamente: Dios no nos quiere ni solos ni que nos aislemos. Dios nos quiere en comunidad, en familia.

En todas las iglesias del mundo escuchamos hoy la lectura del evangelio según san Lucas, capítulo 2, versículos del 41 al 52

En esta Sagrada Familia, todos vivieron unidos en la oración y en la obediencia a Dios, unidos en el amor mutuo, unidos en el trabajo, el dolor y las pruebas. En ocasiones hubo miedos, destierro, falta de trabajo y de pan. Tuvieron momentos de sufrimiento, pero el amor verdadero los sostuvo y los mantuvo unidos a Dios Padre y entre sí. Ese fue el gran secreto de su profunda felicidad.

Les comparto que, en las misas que se celebran hoy, se reza para que imitemos a la Sagrada Familia en sus virtudes domésticas y su unión en el amor. Cada uno de nosotros, miembros de una familia, debería escuchar y tomar como algo dirigido a nosotros, los consejos bíblicos del libro del Eclesiástico (3, 3-17) y los de San Pablo en su Carta a los Colosenses (3, 12-21) que nos lee ahora el Padre Martín. Tratemos de vivir estos consejos en nuestra propia familia.

  • El que respeta a su padre tendrá larga vida.
  • Al que honra a su madre, el Señor lo escucha
  • Sean constantes en honrar a sus padres, no los abandonen mientras vivan; aunque flaquee su mente, tengan indulgencia, no los abochornen.
  • Vístanse de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión.
  • Sobrellévense mutuamente y perdónense cuando alguno tenga quejas contra otro.
  • El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo.
  • Enséñense unos a otros con toda sabiduría; corríjanse mutuamente.
  • Que las esposas respeten a sus esposos, como conviene en el Señor.
  • Que los esposos amen a sus esposas y no sean ásperos con ellas.
  • Que los hijos obedezcan a sus padres en todo, que eso le gusta al Señor.

Queridos oyentes: Si bien es cierto, como decíamos anteriormente, que nuestros apellidos indican a qué familia pertenecemos, debemos reconocer, además, que pertenecemos a familias más grandes, o lo que es lo mismo, tenemos otros “apellidos”.

Porque podemos ser también miembros de una logia, de una asociación, de una institución, de un partido, de un equipo deportivo, de un círculo de abuelos, de un sindicato, etc. De entre estas familias, quisiera destacar hoy, especialmente, tres a las que podríamos pertenecer, porque somos cubanos, somos camagüeyanos y somos creyentes.

Somos una familia de cubanos: Cuba debe ser nuestro hogar familiar, nuestro techo común. Ningún cubano debe sentirse extraño viviendo en su tierra. Ningún cubano debe vivir al margen de lo que sucede en su tierra. Ningún cubano debe ser excluido de trabajar por el bien de su tierra. Cuba debe ser la gran familia de todos los cubanos, vivan donde vivan. Recemos para que todos nos sintamos responsables los unos de los otros.

Somos una familia de camagüeyanos: Si nacimos aquí, es porque Dios lo quiso así. Camagüey debe ser un hogar que cuidemos con esmero para que no se nos eche a perder. Camagüey debe ser un pueblo formado por personas sencillas, humildes, cordiales, corteses, hospitalarias y apegadas a la familia. Camagüey, como toda familia, debe verse libre de violencias, de robos, de adulterios, de divorcios. Así se lo pedimos hoy especialmente a Dios.

Y somos una familia de personas creyentes: La Iglesia es también nuestra familia. En las distintas Iglesias no hay o no debe haber distinciones por la edad, el color de la piel, la cultura, la forma de pensar, etc. Las puertas de los templos deben estar siempre abiertas para todos, como el corazón de Jesucristo. Nunca habrá en ellas un “custodio” pidiendo identificación para poder entrar, porque las iglesias son de todos, son nuestra casa materna y paterna. Todos nosotros nos sentimos hijos de la Iglesia y por eso también tenemos que cuidar la familia de la Iglesia. Nuestros pecados no la podrán destruir, es verdad, pero la afean. Nuestros malos ejemplos alejan a los demás que tal vez quieran formar parte de ella.  Comprometámonos en ser hijos ejemplares de la familia de la Iglesia.

Viene muy bien que escuchemos lo que el Papa Francisco afirmó recientemente sobre la necesidad del perdón en las familias:

“No hay familia perfecta. No tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas de los demás. Decepcionamos unos a otros. Por eso, no hay matrimonio sano ni familia sana sin el ejercicio del perdón. El perdón es vital para nuestra salud emocional y la supervivencia espiritual. Sin perdón la familia se convierte en una arena de conflictos y un reducto de penas. Sin perdón la familia se enferma. El perdón es la limpieza del alma, la purificación de la mente y del corazón. Quien no perdona no tiene paz en el alma ni comunión con Dios. La pena es un veneno que intoxica y mata. Guardar el dolor en el corazón es un gesto autodestructivo. El que no perdona se enferma física, emocional y espiritualmente. Y por eso la familia necesita ser lugar de vida y no de muerte; el territorio de cura y no de enfermedad; el escenario de perdón y no la culpa. El perdón trae alegría donde la pena produjo tristeza”.

Queridas familias: Recemos por la propia institución familiar. “Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón”, nos dijo San Juan Pablo II en la Misa de Santa Clara. ¡Busquemos lo que une a nuestras familias y no lo que las divide! Elogiemos a esas madres que tratan de inventar algo especial para el almuerzo del domingo e invitar, entonces, a que sus hijos alejados vengan todos a comer alrededor de una misma mesa.

Jesús, María y José en ustedes contemplamos el esplendor del verdadero amor, a ustedes, confiados, nos dirigimos:

Santa Familia de Nazaret, haz también de nuestras familias lugar de comunión y de oración, auténticas escuelas del Evangelio y pequeñas iglesias domésticas.

Santa Familia de Nazaret, que nunca más haya en las familias episodios de violencia, de cerrazón y división; que quien haya sido herido o escandalizado sea pronto consolado y curado.

Santa Familia de Nazaret, haz tomar conciencia a todos del carácter sagrado e inviolable de la familia, de su belleza en el proyecto de Dios.

Jesús, María y José, escuchen y acojan nuestra súplica. Amén.

Los invito a que presentemos seguidamente nuestras peticiones a Dios por las familias. A cada petición responderemos: TE LO PEDIMOS, SEÑOR.

  • Por todas nuestras familias, para que, a ejemplo de la Sagrada Familia, sean hogares de fe, esperanza y amor para todos. Roguemos al Señor. Te lo pedimos, Señor.
  • Para que el Señor nos conceda a todos los miembros de las familias la salud,  la paz, y la unidad por encima de cualquier diferencia. Roguemos al Señor. Te lo pedimos, Señor.
  • Para que las nuevas generaciones reciban en sus familias el apoyo que necesitan para crecer en su humanidad, en la verdad y el amor. Roguemos al Señor. Te lo pedimos, Señor.
  • Por las familias en crisis, para que encuentren en la fe y el amor a Dios, el remedio necesario para vencer cualquier dificultad. Roguemos al Señor. Te lo pedimos, Señor.
  • Por los miembros difuntos de nuestras familias, para que gocen ya de la presencia alegre de Dios. Roguemos al Señor. Te lo pedimos, Señor.

Terminamos con la oración del Padrenuestro. Ojalá que, si están reunidos escuchando este programa, se cojan de las manos para expresar aún más como debe estar cimentada en la unidad cada familia. Fue un sacerdote irlandés el autor de una certera frase que le ha dado la vuelta al mundo: “La familia que reza unida, permanece unida”. Rezamos: PADRE NUESTRO…

Y con la oración del Avemaría, le suplicamos a la Virgen que esté pendiente de nuestras necesidades, especialmente de las familias que sufren. Rezamos: DIOS TE SALVE, MARÍA…

Permítanme, finalmente, unos consejos. Ojalá que en estos días de fin de año tengamos un detalle de amor para con familias que conocemos y pasan dificultades. Hay personas que viven solas (¿por qué no invitarlas a comer con nosotros uno de estos días?). Hay familias que están tratando de hacer una jabita para llevarle al familiar que está preso (¿por qué no ayudarlas con algo?). Hay matrimonios que están en por romperse (¿por qué no dedicarles un tiempo para escucharlos y así poder aconsejarlos?). Hay familias con dificultades económicas o incluso materiales (¿podríamos hacer algo por aliviarles esa angustia?). Hay entre nosotros personas que sabemos no se hablan, no se tratan (¡qué bueno sería hacer algo para reconciliarlos!). 

Que Dios nos inspire muchos buenos pensamientos que se traduzcan después en buenas obras a favor de todas nuestras familias.

Termino dándoles la bendición del Señor. Ya sólo le quedan cinco días a este difícil año 2021 que termina. El próximo domingo, cuando Dios nos permita reunirnos nuevamente, ya habremos comenzado un nuevo año. Y desde ahora le pedimos al Señor sus bendiciones para el 2022.

Que la bendición de Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe hoy y siempre. AMÉN.

Dios mediante, nos vemos el próximo domingo, 2 de enero, a las 9 de la mañana, y por esta Emisora Provincial.

¡QUE TENGAN UNA BUENA SEMANA!

¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!

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