Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, Obispo de esta diócesis y me dirijo hoy a ustedes con la alegría grande de quien puede compartir su experiencia de encuentro con Dios, en este día en que la Iglesia celebra la Epifanía, es decir la manifestación de Dios a todas las culturas, representada en el encuentro del Niño Jesús con los tres Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltazar, llegados de Oriente según cuenta la Sagrada Escritura y la tradición.
La fiesta de hoy representa la gran “revelación” de Jesús, como Señor y Salvador de la humanidad.
“Nosotros hemos visto aparecer su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo”. Esa es la fe de los Magos de Oriente que hoy nos recuerda que este Niño- Dios se muestra a todos los pueblos, a todas las razas y a todas las personas. No se limita solo al pueblo de Israel. El Señor quiere llegar con su presencia hasta los confines del mundo y hasta los rincones de todos los corazones.
Seamos discípulos misioneros al estilo de los magos de Oriente. El encuentro con Jesús no les dejó indiferentes; regresaron a casa por otro camino, hubo un cambio de dirección en sus vidas; todo un regalo y toda una tarea que se nos recuerda en la festividad de la Epifanía. Nos ofrecemos hoy al Señor para que cuente con nosotros en ese camino y ofrecer su luz en las situaciones de dolor.
Detengámonos por un momento en la escena. “Los Magos quisieron superar aquel momento crítico de oscuridad en el palacio de Herodes, porque creyeron en las Escrituras, en la palabra de los profetas que señalaban Belén como el lugar donde había de nacer el Mesías. Así escaparon al letargo de la noche del mundo, reemprendieron su camino y de pronto vieron nuevamente la estrella. […] esa estrella que no se veía en la oscuridad de la mundanidad de aquel palacio.” (Papa Francisco)
“La sencillez de los magos, se nos presenta unida a su fe, en el momento del encuentro con el Niño: Y de hinojos le adoraron, abriendo sus cofres, le ofrecieron como dones de oro, incienso y mirra…
[…] A estos hombres los recordamos hoy. Hace más de dos mil años que observaron el fenómeno de la estrella, y aún hoy se observa este milagro. Una estrella ha nacido, y nace en esta Navidad, y nacerá en las siguientes navidades. Esa Estrella la llamamos Jesús. Un Niñito nacido un lejano 25 de diciembre, y que sigue recibiendo la visita de unos magos cada año. Unos magos que eran de oriente y que hoy los niños del mundo quieren muchísimo.
Ojalá que en este día, escuchemos la voz del Recién Nacido. Y si no la percibimos, lavémonos los oídos, curemos nuestra sordera de alma y no nos quedemos solos y tristes como Herodes, sino que vayamos al portal de nuestro Belén y con mucha fe y sencillez desde lo más profundo de nuestro corazón, adoremos a Jesús prometiéndole que seguiremos siempre su estrella.
Señor Jesús, también nosotros te queremos ofrecer lo más valioso que tenemos: nuestra vida. Queremos ponerla a disposición de los demás; queremos, como los Magos, ponernos en camino para encontrarte. Que te busquemos en cada acontecimiento y en cada persona con la que nos encontremos.
Que María de la Caridad, nos ayude a estar en camino buscando a Jesús.
