Queridos hijos e hijas:
La Navidad que recién celebramos es la fiesta más popular, más alegre y más antigua en la mayoría de los países del mundo. Ningún otro acontecimiento histórico se ha celebrado tantas veces sin que aburra. Por estos días, todos tratamos de visitarnos, de reunirnos, de tener una comida juntos, de preparar los pequeños regalos de los niños para el próximo jueves 6 de enero, Fiesta de los Reyes Magos. Son días especiales para perdonarnos mutuamente, para volvernos a hablar si estábamos peleados… ¡Cuánto necesitamos todos ser más niños, más humildes, más pequeños! ¡Cuánto necesitamos dejar de ser ese “personaje” que cada hombre se fabrica y luego no sabe cómo desprenderse de él! ¡Cuánto necesitamos “bajarnos del elefante” donde nos hemos subido! Desde esta Navidad que pasó debimos haber hecho el propósito de no buscar las grandezas, de sentirnos por debajo de todos y al servicio de todos.
Ahora, pasada la Navidad, hemos comenzado un Año Nuevo. En las iglesias celebramos, en el primer día del año, la Misa por la Paz. En Cuba, gracias a Dios, no hay un conflicto bélico, pero ¡cuántas familias nuestras viven en una constante guerra entre sus miembros! ¡Cuántos de nuestros hogares viven con angustias y temores! Por eso tenemos que rezarle a Jesucristo, el Niño de la Nochebuena. Él vino a traernos la paz y quiere llegar con ella a todos sin excepción. Él es el Príncipe de la Paz. Recemos para que se haga realidad en nuestros hogares el canto que se escuchó en Belén, en la primera Nochebuena de la historia y cuya letra decía: “gloria a dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el señor”.
Hoy vuelve a acompañarme junto al micrófono la hermana Eva Varona, de la comunidad del Cristo. Ella rezará ahora la oración por la paz que se atribuye a San Francisco de Asís y que nosotros podemos ir repitiendo:
Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.
Que donde haya odio, ponga yo el amor;
donde haya ofensa, ponga yo el perdón;
donde haya discordia, ponga yo la unión;
donde haya error, ponga yo la verdad;
donde haya duda, ponga yo la fe;
donde haya desesperación, ponga yo la esperanza;
donde haya tinieblas, ponga yo la luz;
donde haya tristeza, ponga yo alegría.
Señor, que no busque yo ser consolado sino consolar,
ser comprendido sino comprender,
ser amado sino amar,
porque dando es como se recibe,
olvidándose de sí es como se encuentra,
perdonando es como se recibe el perdón,
y muriendo es como se resucita a la vida eterna.
Queridos todos:
Por estos días solemos decir un refrán muy conocido por todos: “Año nuevo, vida nueva”. Hay en él un vivo retrato del deseo que tenemos de empezar bien el año, de ordenar la casa y las cosas de nuestra vida, de no repetir errores. Ojalá que en estos días, al desearnos “que haya salud, que lo demás no importa”, pensemos no sólo en la salud del cuerpo sino en la otra salud, la del alma. Porque, ¿qué habremos logrado si al final de una vida “saludable” el Señor, como señala el evangelio, nos dijera: “Apártate de mí porque no te conozco”? (Mt. 25, 12), o que olvidemos lo que él mismo nos advirtió: “¿De qué le vale a un hombre ganar el mundo entero si al final de su vida pierde su alma?” (Mt. 16, 26).
Recemos a continuación la oración que trae el Misal de la Iglesia para este primer día del año:
“Dios eterno, principio de toda criatura, concédenos durante este año 2022, que desde hoy te dedicamos, no carecer de lo necesario para la vida y dar testimonio de ti con nuestras buenas obras. Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor. AMÉN.”
La Palabra de Dios llega ahora para iluminar nuestras vidas. Eva nos hará la lectura de la Biblia que se ha escogido para esta ocasión. En ella se nos invita a saber interpretar con equilibrio las cosas que nos suceden en la vida. Pensando en tu vida actual, pregúntate: ¿Qué tiene prioridad en mi vida y qué es secundario? ¿En qué debes invertir tiempo de calidad y qué puedes dejar pasar? Pide ayuda al Espíritu Santo y vive con más alegría y frutos tu vida de cada día. Escuchemos.
Lectura del libro bíblico del Eclesiastés, capítulo 3, versículos del 3 al 8
“Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de sembrar y tiempo de cosechar; tiempo de matar y tiempo de sanar; tiempo de destruir y tiempo de construir; tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de estar de luto y tiempo de saltar de gusto; tiempo de tirar piedras y tiempo de recogerlas; tiempo de abrazarse y tiempo de separarse; tiempo de buscar y tiempo de perder; tiempo de guardar y tiempo para desechar; tiempo de romper y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar; tiempo de amar y tiempo de odiar; tiempo de guerra y tiempo de paz”.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor
La lectura que acabamos de escuchar, en un lenguaje muy particular, nos hace un llamado a saber enfrentar las diferentes situaciones que se nos presenten durante cada día de este nuevo año. Nos invita a rezar a nuestro bondadoso Señor en toda época y lugar. A él le pedimos que nos recuerde los días de sol cuando esté lloviendo, y la lluvia cuando el sol nos quema. Que él nos enseñe a respetar a nuestros mayores ahora que somos jóvenes, y a valorar a la juventud cuando seamos mayores. Que cuando ganemos en el deporte, o en un concurso, que la posibilidad de haber fracasado nos haga humildes, y que cuando perdamos, recordemos las ocasiones en que hemos ganado. Que en los días que nos alegramos con tanta gente a nuestro alrededor, Dios nos ayude a valorar la soledad, y al sentirnos solos, que Él nos conceda buenos amigos. Que Él nos ayude a vivir intensamente la vida con profundidad y equilibrio que nos lleven a Él. Que cuando las inevitables dificultades se hagan presentes en algún día de este año, recordemos la frase con la que se animaban nuestros abuelos: “Siempre que llueve, escampa”.
A continuación, los invito a hacer propia esta oración de Fin de Año y de Año Nuevo:
“Señor Dios, Dueño del tiempo y de la eternidad, del hoy, del mañana y del pasado; al terminar el año 2021 quiero darte gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por lo que fue posible y por lo que no pudo ser. Te ofrezco lo que hice en este año, el trabajo que pude realizar, las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir. Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, mi familia, los antiguos amigos y las nuevas amistades; a los que pude escuchar y los que lo hicieron conmigo, los más cercanos a mí y los que están más distantes; los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar; aquellos con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría, y aquellos que ya no están…
Ahora llega un mes de enero sin estrenar y te presento estos 365 días que solo Tú sabes si llegaré a vivirlos. Hoy te pido para mí y los míos, la paz, la alegría, la fuerza, la esperanza, la prudencia, la claridad y la sabiduría para vivirlos bien. Quiero vivir cada día con optimismo, alegría y bondad, llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz. Cierra mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras críticas, mentirosas, egoístas, o hirientes, abriendo, en cambio, mi ser a todo lo que es bueno. Que mi espíritu se llene solo de bendiciones y las derrame a mi paso. Cólmame de bondad y alegría para que cuantos vivan conmigo se acerquen a mí y encuentren en mi vida un poquito de Ti. Danos, Señor, un año 2022 sano y lleno de felicidad para compartirla con los demás. AMÉN.”
Queridos todos:
En el Mensaje radial que les compartí el día de Navidad, les recordé la frase del ángel que nos llenó de esperanza: “¡Hoy nos ha nacido el Salvador!”.
-Por eso, si eres tú alguien que tiene el alma estrujada por las penas ¡repítete que te ha nacido el Salvador!…
-Si tú no sabes cómo salir de tu estancamiento en la vida espiritual, entérate de que ¡te ha nacido el Salvador!…
-Si sientes sobre tu cabeza el peso del pesimismo o del desaliento, conviene que te digas a ti mismo: ¡Me ha nacido mi Salvador!…
-Puede, incluso, que no sepas cómo vencer el mal en ti o a tu lado. Para poder lograrlo, repite: ¡Nos ha nacido el Salvador!…
-A lo mejor en ti hay heridas que no acaban de sanar. Repite: ¡Me ha nacido el Salvador, aquel que podrá sanarlas desde dentro!…
-Tal vez tu memoria no logra olvidar a quien te ofendió. Afortunadamente, ¡te ha nacido el Salvador!…
-Posiblemente haz intentado cambiar tu mala conducta varias veces y no has podido. Dios te dice ahora: ¡Te ha nacido tu Salvador!…
-Probablemente llegaste a pensar que no tienes remedio, que por más que te has esforzado sigues siendo el mismo: egoísta, mal pensado… En este momento Dios te dice: ¡Te ha nacido tu Salvador!…
-Seguramente que te preocupa tu familia, tu situación laboral, el qué vas a hacer… Escucha a Dios decirte: ¡Te ha nacido tu Salvador!…
-Quizás te dominan los agobios. Escucha a Dios: ¡Te ha nacido tu Salvador, que te dice: “Vengan a mí los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré”!
Dice la Biblia que los primeros en enterarse del nacimiento de Jesucristo fueron unos pastores. Quizás alguno no sepa que el oficio de pastor no tenía buena fama en el pueblo judío. Como trabajaban de noche cuidando los rebaños, casi siempre eran acusados de cualquier robo que hubiese en la comarca. Los pastores eran gente mal mirada, despreciada. Y resulta que ellos van a ser los afortunados, los primeros en tener la gran noticia del nacimiento del Salvador.
Por eso, hoy y todos los días del año, nuestras iglesias, nuestros corazones, deben tener siempre las puertas abiertas, como los brazos de Jesús, para recibir no solo a los sanos sino también a los enfermos, no solo a las personas justas, sino también a los pecadores. ¡Ojalá que todos los enfermos alcohólicos escuchen a Dios decirles: “Hoy les ha nacido un Salvador”, el que puede sanarlos! ¡Ojalá que todas los malacabezas escuchen a Dios decirles: “Hoy les ha nacido un Salvador”, el que puede hacerlos cambiar! ¡Ojalá que todos los ciegos del alma, aquellos que tienen ojos pero no quieren ver, escuchen a Dios decirles; “Hoy les ha nacido el Salvador”! ¡Ojalá que todos aquellos que no quieren oír o que sólo quieren oír lo que les conviene, decidan escuchar a Dios que les dice: “Hoy les ha nacido el Salvador”, quien viene a decirles “Yo soy el camino, la verdad y la vida”!
Recemos a continuación el que podría ser el primer Padrenuestro de este año nuevo. Así que lo haremos con mucha devoción pensando en cada una de las 7 peticiones que encierra esta oración que el propio Jesucristo nos enseñó.
Queridos oyentes: Una costumbre muy linda que hemos sabido conservar entre nosotros es que, en Navidad y Año Nuevo, nos felicitamos mutuamente. ¡Felicidades!, nos dicen. Y nosotros contestamos: ¡Lo propio! o también ¡Igualmente! Y eso es encantador, porque el verbo felicitar viene del latín felicitare, que significa hacer feliz.
- ¿Se imaginan ustedes qué distinto sería este mundo, Cuba, Camagüey, nuestras comunidades, nuestras familias, nuestra cuadra, si cada uno se propusiera felicitar, o sea, hacer feliz a los que lo rodean?…
- ¿Si cada uno se dedicara a pensar menos en su propia felicidad para buscar la felicidad de los demás?…
- ¿Si los esposos y esposas se dijeran mutuamente “yo quiero hacerte feliz a ti”?
Si hacemos esto, entonces sí que hemos celebrado y seguimos celebrando la Navidad todo el año.
- Ojalá que en este Año 2022 le abramos nuestro corazón a Jesucristo.
- Ojalá que, desde hoy, perdonemos de corazón a quien nos haya ofendido. Y sepamos pasar la página.
- Ojalá que en esta Navidad alegremos el corazón de un enfermo o de un viejito del Hogar de Ancianos.
- Ojalá que recuperemos el “si Dios quiere” que siempre decían nuestros abuelos, porque quizás Dios tenga quejas contra nuestra Iglesia y nuestro pueblo porque hicimos y hacemos planes sin contar con su bendición. Y se cumple la advertencia que nos hace el salmo 127: “Si el Señor no construye la casa, en vano se esfuerzan los albañiles”.
- Ojalá que cada uno de nosotros dedique este año más tiempo a escuchar que a hablar, porque casi siempre hablamos mucho y escuchamos poco. Y nos hace falta escuchar más a Dios y a nuestros familiares y vecinos. Y escuchar también a los que piensan de manera distinta, a los que nos critican. Nada vamos a perder con escucharlos porque, como enseñó el siempre recordado Monseñor Adolfo: “los críticos nos revelan lo que los incondicionales nos ocultan”.
- Ojalá que todos los cubanos nos propusiéramos hacerles la vida más fácil a los demás. Duelen las cartas que cubanos como tú y yo envían a los periódicos donde se desahogan contando su rosario de dificultades: paquetes que les han robado en el correo, equipos eléctricos en garantía dañados y que no logran reponer, familias que no pueden dormir por la música alta en los alrededores, personas que, buscando resolver un problema, han sido “peloteadas” de aquí para allá, a veces durante años.
- Ojalá que en este año 2022 todos los cubanos: administradores, dependientes, recepcionistas, obreros, dirigentes, médicos, sacerdotes, taxistas, tú y yo, les hagamos a los demás cubanos muchas veces estas deseadas preguntas: ¿en qué puedo servirles?, ¿en qué puedo ayudarles?
Recemos para que, en este año, los cubanos sepamos conservar todo lo bello que tenemos: la chispa, las iniciativas, las ocurrencias, el amor a Dios y a la Virgen de la Caridad, el apego a la familia y a la tierra cubana, el amor a los hijos y la alegría. Que no dejemos morir lo bueno y bello que hay en nosotros.
Antes de darles la bendición, permítanme dos avisos: Recordarles que el próximo jueves 6 de enero es la fiesta de los Reyes Magos. No olviden hacer más felices ese día a los niños de la casa. Y recordarles también, a los que no han podido visitar el lindo Nacimiento de la iglesia de La Soledad, que estará abierto hasta este jueves 6, de 8 de la mañana a 10 de la noche. A la vez que les doy ahora la bendición de Dios, rezo para que en este año que comenzamos todos tratemos de ser un poquito mejores. ¡Tantas personas a nuestro alrededor están necesitadas de que se les escuche, se les oriente, se les dé amor, se les ayude! Con optimismo, todos debemos llevar a la práctica lo que enseña un proverbio italiano: “Si cada pequeño hombre, en su pequeño mundo, hace una pequeña cosa, el mundo cambia”.
Que la bendición de Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y los acompañe hoy y siempre. AMÉN.
Nos despedimos cantando la oración a la Virgen, el AVEMARÍA. Puede que también sea la primera vez que lo rezamos en este año. Recordemos que a ella le pedimos que nos acompañe “ahora y en la hora de nuestra muerte”. Les recuerdo que, si Dios quiere, volveré a estar con ustedes el próximo domingo, a las 9 de la mañana.
¡Que tengan una buena semana! ¡FELIZ AÑO NUEVO!
