Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, obispo de Pinar del Río. Comentario del evangelio del IV domingo del Tiempo Ordinario, 30 de enero de 2022

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, Obispo de esta diócesis y me dirijo a ustedes compartiendo los deseos de bien, paz y amor que habitan en mi corazón para todos.

En este cuarto domingo del tiempo ordinario quiero comenzar esta reflexión con las expresiones de aquellos que estaban presentes cuando Jesús se proclama a si mismo profeta, como hemos escuchado en el evangelio.

Ellos con asombro y rechazo  decían o pensaban “¿No es este el hijo de José?”  ¿Cómo pueden esas “hermosas palabras” salir de la boca del hijo del carpintero que todos conocemos?, “¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas?”

Esta sorpresa refleja muchos elementos importantes a considerar. ¿Cómo entender que el ministerio de un profeta surja de alguien ubicado en los estratos socio-económicos más bajos de la región? donde  habitan los supuestos ignorantes e iletrados.

¿Qué nos quiere decir el evangelista Lucas cuando nos cuenta el rechazo que Jesús sufrió en Nazaret?

El conflicto entre Jesús y los de su pueblo parte del deseo de milagros de la gente: «Haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm.» Pero Jesús acaba de manifestarse como el enviado de Dios, en quien reposa el Espíritu del Señor. El texto de Isaías que acaba de leer se cumple ante las narices de los que le escuchan… ¡y a ellos no les interesa!

Por su parte, Jesús se pone crítico y explica que Dios no escogió al pueblo de Israel para entretenerlo con milagritos, sino para manifestar a todos los pueblos su fuerza y misericordia, como hizo con la viuda de Sarepta que Elias ayudó y Naamán, a quien Eliseo curó, son dos extranjeros que tuvieron la experiencia salvadora del Dios de Israel. Los de Nazaret no comparten la visión amplia de Dios que Jesús experimenta. Para ellos, Jesús es simplemente «el hijo de José»; están cerrados en su propio mundo pequeño y confortable y, por eso, el anuncio del «Año de gracia del Señor» no les dice gran cosa.

Lucas no nos cuenta estas cosas para criticar a los judíos, sino porque observa el mismo problema en su comunidad, en su Iglesia, en nuestra Iglesia. Estamos tan ocupados mirándonos a nosotros mismos, donde todas las cosas las tenemos claras, todas las ideas encajan y todas las explicaciones funcionan, que nos perdemos las maravillas que Dios está haciendo fuera de las fronteras de nuestra religión.

Lo interesante es que Lucas nos cuenta todo esto como «Buena Noticia». Es decir, es bueno para nosotros saber que Jesús tuvo dificultades con los suyos; es motivo de alegría para nosotros que seamos conscientes que también nuestro cristianismo vive el rechazo y las dificultades desde dentro; es mensaje de salvación para nosotros confrontarnos con la actitud auto-suficiente de los de Nazaret y optar, con la ayuda de Dios, por no ser como ellos.

Queridos hijos: el Evangelio de hoy nos invita a no tener miedo ante las dificultades que se presentan a nuestro alrededor frente a lo que es cotidiano, pues Jesús  mismo experimentó lo que expresa la frase «ningún profeta es bien mirado en su tierra». Probablemente te encuentres en tu tierra; puedes pensar que la evangelización no es para ti, sin embargo, el texto se refiere, más que a un lugar, al grupo de personas cercanas a ti como tu familia y amistades, pues, por lo general, son los más difíciles de evangelizar porque dicen conocerte, porque conocen tus defectos. No tengas miedo de proclamar las gracias de Dios en tu vida; recuerda las palabras que Jesús había leído antes «El Espíritu de Dios, esta sobre mí»; de igual forma es el Espíritu Santo quien actuará en la evangelización de los tuyos, por lo que no tengas miedo en proclamar la buena nueva en tu familia, con tus amistades, en tu patria.

Ánimo, Dios está siempre bendiciéndote pues camina junto a ti. Como expresara San Juan Pablo II «Precisamente a través del don del Espíritu, Jesús hará participar a los creyentes en su comunión filial y en su intimidad con el Padre.»

Que éste sea nuestro compromiso: aprender a vivir la fe en el seguimiento a Jesús, desde la plenitud de las prácticas de amor, entrega y solidaridad al prójimo, comprometidos con la promoción de la justicia en donde nos encontramos. Que esta apertura nos de la humildad para ir más allá de nuestras creencias particulares, para ver la mano extendida del Dios amoroso en quienes nos rodean.

Que san José y María de la Caridad, nos guíen, en la evangelización de nuestra tierra.

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