Mensaje de Monseñor Juan Gabriel Díaz Ruiz, obispo de Ciego de Ávila. Comentario del V domingo del Tiempo Ordinario, 6 de febrero de 2022

De seguro que todos hemos leído, reflexionado o escuchado el relato evangélico de este domingo, ya sea en celebraciones, retiros espirituales o en la oración personal. Es un texto muy hermoso e inspirador porque nos concierne a todos en algo clave en la vida de cualquier cristiano: la llamada que el Señor Jesucristo nos hace a vivir como discípulos suyos. Mucho se podría abundar en este tema, pero aquí solo apuntaremos algunas ideas centrales que el propio pasaje nos propone.

La primera tiene que ver con las circunstancias en las cuales cada creyente escucha la llamada al seguimiento de Cristo: el Señor llama en medio de las circunstancias y condiciones de la vida cotidiana. Así como encontró a Pedro y sus compañeros en medio de sus faenas de pesca y los escogió para que fuesen “pescadores de hombres”, de la misma manera lo ha hecho con todos los cristianos, allí donde realizaban los quehaceres de su vida diaria. Unido a lo anterior está el hecho de que la iniciativa de la llamada tiene su origen en Jesús, no en Pedro ni en ninguno de los que con él trabajaban; en otras palabras, todos seremos siempre escogidos y llamados.

Otro punto a considerar sería el de la idoneidad de los llamados al discipulado: sin duda que –a primera vista, al menos– Pedro y los demás no parecen las personas mejor preparadas y dispuestas para la misión que un día deberían afrontar: anunciar el Evangelio hasta el último rincón de la tierra. Las dudas, las discusiones entre ellos, las falsas expectativas que se crearon alrededor de su Maestro y del papel que ellos tendrían en el Reino que, pensaban, Él iba a establecer cuando llegase a Jerusalén; además del miedo paralizante a correr la misma suerte del Señor, luego de su arresto y condena, muestran con creces que no eran precisamente los candidatos perfectos para ser discípulos del Salvador del mundo. Sin embargo, Jesucristo los llamó y, después de la Resurrección, les reiteró ese llamamiento, comenzando por el propio Pedro, que lo había negado tres veces. De nuevo se cumple aquello de que Dios escoge a quien quiere, incluso cuando, según los criterios humanos, pareciera equivocarse en sus juicios sobre las personas: la lista se haría interminable si pretendiéramos citar los ejemplos.

En relación con lo antes mencionado está la actitud de Pedro, luego de la pesca milagrosa: el reconocimiento de su pequeñez y limitación, a raíz de comprender que ante él no se halla un predicador más de los tantos que proliferaban por aquel entonces; por eso el título de “Señor” que utiliza para dirigirse a Jesús. No obstante, Él lo escoge: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres”. Jesucristo utiliza para ello el “No temas”, una fórmula típica que aparece, de una manera u otra, en todas las llamadas que Dios hizo en el AT, a largo de la Historia de la Salvación. Estas palabras indican con claridad que el fundamento y desarrollo de la misión se encuentran en Jesús y no en el discípulo y, por consiguiente, éste solo encontrará el apoyo en su Maestro, y no en las propias capacidades personales. El texto del evangelio hace, además, un paralelismo entre la pesca y el ser “pescadores de hombres”, con lo cual indica la misión principal del discípulo: atraer al encuentro del Señor a todo el que le sea posible; lo cual constituye, en definitiva, la misión y la razón de ser de la Iglesia.

Queda, por último, algo que no puede faltar nunca: ser discípulo de Cristo no es otra cosa que seguirlo, ir detrás suyo, sin apartarse jamás de la senda que Él ha recorrido antes. Esto cambia radicalmente la vida, como lo hizo con la de Pedro y la de los hijos de Zebedeo. Este cambio no siempre será agradable ni fácil, porque implicará una profunda conversión para poder seguir los pasos del Maestro con fidelidad.

En fin, un magnífico pasaje evangélico, que nos ayudará a revisar nuestra vida de fe y a ponerla más a tono con la llamada que a cada uno de nosotros, como a aquellos pescadores galileos, nos hizo un día el Señor Jesucristo a seguirlo.

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