Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández, SJ, Obispo de Pinar del Río. Comentario del evangelio del XIII domingo del Tiempo Ordinario, 27 de febrero de 2022

Queridos hijos e hijas: Soy monseñor Juan de Dios, obispo de esta diócesis de Pinar del Río y pastor de todos.

En el evangelio que acabamos de escuchar Jesús se dirige a los discípulos invitándoles a estar atentos para no caer en el riesgo de la vanidad, de creerse mejores que los demás. La humildad, la transparencia y la constancia que enseña a los suyos constituyen los pilares que deben conducir a la conducta de quien decide seguirlo.

El objetivo de Jesús es suscitar  actitudes de vida fraterna en aquellos a quienes confía la buena noticia. No se puede ser discípulo sin una unión total al mensaje de Jesús, no se puede ser discípulo a medias. La fuerza de la palabra es algo que debe brotar en el corazón del discípulo y florecer en sus gestos y palabras.

Jesús nos invita a ejercitar el corazón, nuestros pensamientos y nuestras palabras, y las acciones también. Es el ejercicio de la bondad. Vencer el mal con el bien. Llenar nuestro corazón y nuestros pensamientos con bondad para ir por la vida viviendo esa bondad. Todo un reto para la Cuaresma que se acerca:

Jesús con sus palabras nos invita a que cada uno entre en la intimidad de su corazón y vea lo que hay en él, pues cuando realizamos juicios contra los demás, en realidad se está juzgando el propio comportamiento, el cual pretendemos ocultar con aires de superioridad.

Jesús se dirige a los discípulos y por tanto a notros cuando dice:

  • Un ciego no puede guiar a otro ciego…

Y es que la ceguera del corazón es producida por el pecado y por la dureza de nuestros juicios hacia los demás. Con Cristo, la ceguera se puede superar. Él puede hacer el milagro de volver la vista al ciego. Cristo puede hacer el milagro de acabar con la ceguera de nuestro corazón ocasionado por el rencor, la desesperación, las envidias, así como de nuestros pensamientos negativos que incluso nos hacen tomar decisiones a base de vanidades erróneas y llevarnos a malas acciones de las cuales luego nos estamos arrepintiendo. Cuando hay ceguera de corazón se suelen tomar malas decisiones. ¡Cristo, devuélvenos la vista! ¡Cristo, no permitas que la ceguera venza en mi alma!

  • Cada árbol se conoce por sus frutos…

Nuestras acciones son el resultado de nuestras decisiones. Como seres libres decidimos lo que queremos hacer y lo hacemos o no lo hacemos. ¡Qué hermoso sería si se nos conociera por nuestros frutos de bondad, resultado de nuestras buenas decisiones en la vida! A nivel familiar, en la convivencia diaria, ¡cuántas oportunidades de ejercitarnos en la bondad! Incluso cuando tengamos que expresar algún desacuerdo, ¡qué diferencia hay cuando se hace con bondad y no con enojo! Lo mismo en el trabajo o en la escuela. Esta Cuaresma que vamos a empezar es una oportunidad única para ejercitarnos en la bondad.

  • De la abundancia del corazón habla la boca…

¿Cuáles son nuestros pensamientos y sentimientos en general? ¿Pensamos buscando el bien de los demás y el bien personal que viene de Dios? ¿Tenemos sentimientos positivos hacia los demás y hacia uno mismo así como Dios quiere? ¿Qué podemos cambiar y qué podemos potenciar? El ejercicio cotidiano está en los detalles ordinarios que se nos presentan a cada momento. ¡No los desaprovechemos!

Pidamos queridos hijos, por intercesión de María de la Caridad; que Dios llene nuestro corazón de su buena noticia, que nuestro mayor tesoro sea seguirle y cuando nuestra mirada y  nuestro corazón se desvíen de su camino, nos conceda la sabiduría para reconducir nuestros pasos hacia él. Que nos guie en nuestra ceguera, nos haga humildes y transparentes y que nada nos pueda separar de su seguimiento.

Deja un comentario