Mensaje de Mons. Juan Gabriel Díaz Ruiz, obispo de Ciego de Ávila. Comentario del evangelio del IV domingo de Cuaresma, 27 de marzo de 2022

La parábola de la higuera estéril nos aseguraba, el domingo pasado, la paciencia de Dios ante nuestros pecados. La parábola de hoy expone, de manera magistral, la misericordia divina: el Señor no solo espera pacientemente nuestra conversión, sino que va mucho más allá, nos perdona, porque nos ama. Por eso, si debiésemos escoger algunas palabras para expresar la sustancia del mensaje de esta parábola, sin duda que una de las principales sería «alegría»; que inunda, literalmente, toda su última parte: la alegría por haber encontrado al hijo perdido, por haber recobrado vivo y sano al que se consideraba muerto.

Así es Dios, nos dice Jesús: un padre lleno de compasión y misericordia, que corre al encuentro del hijo que vuelve fracasado y lleno de amargura, y hace fiesta, sin apenas prestar atención a sus palabras y demostraciones de arrepentimiento, porque para el Señor lo más importante, lo que cuenta, no son nuestros pecados, sino nosotros en persona. Con frecuencia, se realza tanto este amor por el hijo pródigo, pecador, que se olvida o minimiza el hecho de que también abraza al hijo mayor, al fiel y obediente; testimonio de ello es la calmada respuesta del padre de la parábola a los reproches que éste le hace: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo. La exhortación que sigue es también para todos: deberías alegrarte…; porque nos invita a imitar a Dios, su amor misericordioso ante el pecador.

No es necesario abundar en explicaciones sobre esta parábola -mal llamada «del hijo pródigo», porque el verdadero protagonista es el padre misericordioso- ya que todos nosotros hemos experimentado, en primera persona, la misericordia de Dios. Lo más importante, entonces, es que no perdamos ocasión alguna de acudir a Él, que no dejemos nunca de compartir la alegría de todo aquel que vuelve a la casa del Padre Dios, con la certeza de que siempre encontraremos compasión y perdón. Que esta convicción de fe nos anime a seguir adelante en nuestro camino cuaresmal.

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