Mensaje del P. Rolando, OSA, párroco de Chambas en la Diócesis de Ciego de Ávila. Comentario del evangelio del domingo 12 de junio de 2022, Fiesta de la Santísima Trinidad

«Dios es un misterio profundo. Tanto saber me sobrepasa, es sublime y no lo abarco». Así leemos en el salmo 139. Todos los grandes místicos o los grandes pensadores o los grandes teólogos que se han querido acercar al misterio de Dios al final siempre han terminado faltándoles las palabras. Aunque Dios sobrepasa nuestras imágenes y conceptos solo podemos hablar de Él valiéndonos de nuestras palabras del lenguaje humano; y ese lenguaje es imperfecto para poder abarcar a Dios. Eso es lo que nos sucede con la Trinidad que es el compendio de la fe cristiana.

Ya en el mismo mandato del Señor, cuando después de resucitado le dice a los discípulos: «Id y haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»; ya desde esas palabras se nos revela Dios como trino. Todas nuestras celebraciones están marcadas en el inicio por encomendarnos precisamente nosotros a este Dios Trino. Nos reunimos y celebramos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Incluso cuando no decimos estas palabras, pero hacemos la señal de la cruz estamos encomendándonos a esta Trinidad, a este único Dios que se nos expresa en tres personas distintas.

Aunque nos falten las palabras, aunque sea tan difícil expresar qué es la Trinidad, cómo se relacionan las tres personas de la Trinidad, de qué manera se ha creado, de qué manera se ha iniciado, lo que sí que tenemos claro es que nuestra experiencia, la experiencia de la humanidad desde el mismo momento de la creación hasta nuestros días hasta, nuestro presente, pasando por la plenitud de los tiempos cuando Dios se Encarna en la Virgen María, nuestra madre, la madre de la Iglesia, en la persona del Hijo, en todos los momentos nosotros hemos tenido la experiencia de esta Trinidad: Dios Creador, Dios Padre que crea todas las cosas, que nos crea nosotros, que sostiene el mundo entero, el Hijo que es encarnado en la Virgen María y el Espíritu Santo que se nos dona, que viene después, que se nos promete y que sentimos presente porque da vigor a nuestra vida cristiana da vigor a la iglesia, es la fuerza que se nos comunica y que está presente en cada uno de nuestros momentos.

Este Espíritu que ya estaba presente al inicio de la creación antes de la misma creación, como leemos precisamente en el libro de los Proverbios, esa es nuestra experiencia y eso es lo que podemos vivir. Quizá nos falten las palabras los razonamientos para poder expresar la Trinidad, pero lo que no nos falta es nuestra experiencia nuestra vivencia de Dios como Padre como Hijo y como Espíritu Santo que mantiene y sigue sosteniendo a la iglesia.

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